Me quedo quieto, sentado en la banca del parque. Pongo mis manos en las rodillas y cierro los ojos. Respiro hondo. Trato de concentrar toda mi atención en el proceso de la respiración. El aire fluye desde mi nariz hasta lo más profundo de mis pulmones. No logro siquiera relajarme: el olor a tamales lo arruina todo. Cambio de sitio una y otra vez, pero los olores, los ruidos, los empujones y la lluvia que recién ha comenzado me hacen perder el foco. Y así deambulo. De pronto, aunque me estoy mojando y los cláxones de los autos pudieran reventar mis tímpanos, conquisto la concentración. El tráfico vehicular se detiene y un policía corre hacia mí grita órdenes que ignoro. Estoy inmóvil en medio de la avenida, mientras siento mis pulmones inflándose cuando aspiro y disfruto de los chorros de aire que viajan raudos por mis orificios nasales al exhalar.
Abro mis ojos y todo sucede en cámara lenta: el tráfico, el policía, la gente. Entiendo que la eternidad dura un instante.
Luego sigo con mi vida.
Eleasar
03 de Diciembre 2017 / 09:52

Selección día 3 de noviembre "Meditación urbana" por Eusebio Tecate 03 de Diciembre 2017 / 09:52
Eleasar

 

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