Me sabías tuya. Siempre adoré tu mirada mágica de abismos y curvas. Tus ojos se adueñaron de mi voluntad, de modo que, aunque los meses pasasen, eran mi certeza. Quizá ese fue el origen de las otras pasiones, de mi vicio por captar la agitación de miradas cuando los lugares comunes del amor parecían desviarnos. Acaso, por ello coleccioné los ojos de todos mis amantes, los arranqué y coloqué con orden y decoro bajo la repisa del cuarto. Para que me miren. Tú me conocías bien. Te los quitaste solito. Sabes que no dejaré nunca de llamarte para halagarlos.
Morgan
08 de Junio 2018 / 11:04

Narciso 08 de Junio 2018 / 11:04
Morgan
         Taller09 de Junio 2018 / 02:06
         Tequila

 

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