Las ovaciones estaban a flor de vocerío. Los párvulos no paraban de retozar retacándose las bocas de algodón azucarado y palomitas de maíz: habían aparecido los tres trapecistas y uno de ellos era nada menos que El Hombre Pájaro.
Cuando el público estuvo en silencio el Hombre se lanzó hacia el primero de sus acompañantes, dio una maroma en el aire y cayó en las manos de su receptor. Aplausos, y más aplausos. Al volver la calma se lanzó hacia su segundo acompañante para formar, esta vez, dos piruetas en el aire. ¡Bravoooo! Nada daba sosiego a la algarabía de los infantes.
Hubo una pausa más larga para el tercer salto que, sería mortal. Habían desprendido las redes. El trapecista se lanzó, realizó tres giros en el cielo del cobertizo para dirigirse a los brazos de su receptor. Mas esta vez el adlátere se cruzó de brazos. El Hombre Pájaro fue a estamparse sobre la arena. Para los espectadores resultó cómico, y como era la última función, comenzaron a dejar sus asientos para encaminarse a las salidas. Los parvulitos comentaban lo emocionante de la escena, mientras un silbido anunciaba la llegada de la ambulancia.
Cisol V. Demil
02 de Octubre 2018 / 12:49

Trapecio 02 de Octubre 2018 / 12:49
Cisol V. Demil
         Saludos03 de Octubre 2018 / 11:37
         José Luis Velarde

 

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