Una noche más cubría guardia en la residencia. Tenía que estar muy pendiente, hacía mucho que no fallecía ningún anciano. Su visita era inminente.
Avanzando por el pasillo sentí que un poco más atrás alguien caminaba. Debía de ser ella. Temerosa no quise girarme hasta llegar al control de enfermería. Sí, era ella.
Allí estaba como de costumbre, ataviada de negro, con la cara oculta. Esta vez decidí observar en silencio en qué habitación entraba. Dejó atrás la 403, la 404, la 405..., hasta llegar frente a mí. Me miró a los ojos, por primera vez le vi la cara. Con resignación solté todo lo que llevaba y le di la mano.

manlyf
07 de Octubre 2018 / 12:27

La parca 07 de Octubre 2018 / 12:27
manlyf
         Taller08 de Octubre 2018 / 06:52
         SAPO

 

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