El sabio “peripacípedo” yacía sobre el asfalto ardiente. Un automovilista distraído abandonó su coche y el ciclista que, aristotélicamente se ilustraba paseando en su vehículo de propulsión humana, se ensartó en la puerta. No usaba casco, —los “peripacípedos” llevan la cabeza al aire para impregnarse de sabiduría. El hombre aún se movía cuando llegó la ambulancia, pero por una rendija abierta en la coronilla escaparon las ideas de su cabeza. El tormento fue evidente, el cuerpo se retorció intentando detener la fuga.
El sabio murió en el lugar de los hechos, pero su cuerpo maltrecho sobrevivió para olvidar su gloriosa erudición.
Aplacate
11 de Octubre 2018 / 18:12

La rendija 11 de Octubre 2018 / 18:12
Aplacate
         taller13 de Octubre 2018 / 19:48
         carlos bortoni

 

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