Universos alternos - Simbad
Mientras su primo extendía la mano hacia un punto lejano en el horizonte y le platicaba, Erasmo trataba de imaginar la ciudad, las avenidas, los edificios y mansiones, los jardines verdes y las amplias plazas, la montaña rusa y el mar que había allá, lejos, donde fue un día con su papá. Quizás era pedirle demasiado, algo que ni la bolita de cristal que un día encontró le había, siquiera, revelado. Los cerros áridos, las calles polvorientas, las casas de adobe, cartón y madera, con techos improvisados con lo que había a la mano, en ese pueblo apresado entre montañas, eran el universo que heredó y el único que percibía todos los días. Solamente había algo en ese mundo que iba más allá de ser una mera percepción: el hambre.

Texto inédito - Pseudónimo
Posdata del trece de junio de 1986. Cuarenta y tres años después de la primera posdata que escribí a los cuarenta y tres de edad, me atrevo a revelar algo más que aquella maravilla me permitió ver. Por temor de que fuera cierto o por la ilusión de su falsedad –no lo sé, por causa de la coincidencia– lo mantuve en secreto para propios y extraños, hasta casi olvidarlo. Una vida más ha transcurrido desde esos ayeres. Otra, diferente o renovada quizás, que me llevó por sendas diversas, bellas y coloridas, tortuosas en ocasiones, hasta este punto, donde ciego y a una jornada del fin del recorrido, veo que se abre un horizonte nuevo, inmenso, luminoso.
Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad en cierto momento en esos días, luego de haber visto mi final en un calendario colgado en la pared. Me equivoqué. Sí, todo cambia. La vista se fue después de ver tanta maravilla, el tiempo transcurrió más rápido que mis pasos, la vida terminó de deshilacharse de tanto usarla y para mañana estaré flotando, como uno más de los que disfrutaron de su estancia en este apartado rincón del universo, en la diminuta inmensidad encerrada en los misterios del Aleph que, por lo visto, me dio una segunda oportunidad.

Jorge y yo - Black Dot
Me acuesto. Veo la esfera, pero nunca lo mismo que el vio. En el centro hay una rueda, un circulo de metal oxidado, es el tiempo que marcha desde atrás hacia adelante y se devora a sí mismo. Veo la rosa magnifica que se marchita y renace. Veo una gota de sangre prendida a una espina, un espermatozoide que fecunda un ovulo, a Adán, a Eva y la serpiente, una puerta abierta al conocimiento. Veo un punto donde se condensa todo incluyendo a los dioses y después lo veo explotar y veo seres simiescos y sus descendientes tratando de explicar de dónde vienen y hacia dónde van. Veo un hongo alzarse y dejar la silueta de hombres vaporizados marcada en la piedra. Veo un eclipse, pirámides hermosas, sarcófagos, veo el pasado y atisbo el futuro y todo, todo esto cambia. No logro darle un nombre, no llego a la comprensión total.
—Es un aleph —dice él.
—Oh —contesto yo aún sin entender..
Daniel Frini
01 de November de 2020 / 17:20
Selección del día 5/10/20 01 de November de 2020 / 17:20
Daniel Frini
 

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