El sueño de la hormiga
Simbad

A medida que visualizaba mi círculo de influencia sobre el entorno, hasta alcanzar la escala cósmica, llegué a una conclusión demoledora: soy menos que un grano de arena, una molécula de la nada.
Al hacer cálculos, la probabilidad de que exista es prácticamente cero, y sin embargo, aquí estoy, en medio de la inmensidad, con mis sueños, fantasías y anhelos, como un niño huérfano en Nochebuena, en espera de un regalo más allá de la simple existencia; con la expectativa de un presente y un futuro que trasciendan.Y entonces una duda me asalta: ¿será demasiado pretencioso aspirar a figurar, de alguna forma, en el guión de la magna obra del universo?
Viajero cósmico
bebé

La sola idea de adentrarme en las profundidades del universo, y percibir mi insignificancia ante lo inconmensurable, me producía vértigo y náuseas. Pero necesitaba el empleo. Además, era preciso distanciarme del pasado, tomando en cuenta que sólo dos situaciones me han aterrorizado más que eso en la vida: cuando era pequeño, atravesar el bosque en las noches de luna llena para regresar a casa, y desde hace un tiempo, tener que enfrentar un día más de conflictos con Camila, mi mujer.

La insoportable brevedad del tiempo
Pepe Le Pew

Soy apenas una entre la infinita cantidad de coincidencias y fenómenos fortuitos que pueden ocurrir en el universo; otra, eres tú. Y la suma de todos nosotros, los que somos, quienes fueron y los que serán, no representa –al hacer cuentas– siquiera un punto y aparte que preceda a un nuevo párrafo en alguno de los millones de libros que se han escrito. Somos, si acaso, una insignificante coma, una breve pausa, que pretende detener el tiempo dentro de la trama de una novela de terror.

Herencia incierta
Volkandert

Durante días, las palabras contundentes y arrolladoras de Richard Dawkins giraron en mi cabeza hasta volverse una idea fija, casi perturbadora. Pensaba, obsesivamente, en la abrumadora cantidad de combinaciones posibles en el universo, que la vida es una conjugación exitosa de casualidades llamada genoma y que, para bien o para mal, es el verdadero legado que dejamos a nuestros hijos. Con cierta fascinación y, a la vez, con desconcierto, tuve que reconocer, que nuestra existencia como especie y como individuos es el resultado de un accidente, dichoso o desafortunado según se quiera ver; un mero fruto del azar. En pocas palabras concluí, que tristemente somos hijos del albur..
Carmen Simón
03 de December de 2020 / 03:09
DÍA 1 SELECCIONES DE NOVIEMBRE 03 de December de 2020 / 03:09
Carmen Simón
 

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