La Marina de Ficticia
MINIFICCIONES FINALISTAS DE NOVIEMBRE DE 2020

Tema: Terror cósmico

Día 1
Tallerista: Carmen Simón

El sueño de la hormiga
Simbad

A medida que visualizaba mi círculo de influencia sobre el entorno, hasta alcanzar la escala cósmica, llegué a una conclusión demoledora: soy menos que un grano de arena, una molécula de la nada.

Al hacer cálculos, la probabilidad de que exista es prácticamente cero, y sin embargo, aquí estoy, en medio de la inmensidad, con mis sueños, fantasías y anhelos, como un niño huérfano en Nochebuena, en espera de un regalo más allá de la simple existencia; con la expectativa de un presente y un futuro que trasciendan. Y entonces una duda me asalta: ¿será demasiado pretencioso aspirar a figurar, de alguna forma, en el guión de la magna obra del universo?

***

Viajero cósmico
bebé

La sola idea de adentrarme en las profundidades del universo, y percibir mi insignificancia ante lo inconmensurable, me producía vértigo y náuseas. Pero necesitaba el empleo. Además, era preciso distanciarme del pasado, tomando en cuenta que sólo dos situaciones me han aterrorizado más que eso en la vida: cuando era pequeño, atravesar el bosque en las noches de luna llena para regresar a casa, y desde hace un tiempo, tener que enfrentar un día más de conflictos con Camila, mi mujer.

***

La insoportable brevedad del tiempo
Pepe Le Pew

Soy apenas una entre la infinita cantidad de coincidencias y fenómenos fortuitos que pueden ocurrir en el universo; otra, eres tú. Y la suma de todos nosotros, los que somos, quienes fueron y los que serán, no representa ?al hacer cuentas? siquiera un punto y aparte que preceda a un nuevo párrafo en alguno de los millones de libros que se han escrito. Somos, si acaso, una insignificante coma, una breve pausa, que pretende detener el tiempo dentro de la trama de una novela de terror.

***

Herencia incierta
Volkandert

Durante días, las palabras contundentes y arrolladoras de Richard Dawkins giraron en mi cabeza hasta volverse una idea fija, casi perturbadora. Pensaba, obsesivamente, en la abrumadora cantidad de combinaciones posibles en el universo, que la vida es una conjugación exitosa de casualidades llamada genoma y que, para bien o para mal, es el verdadero legado que dejamos a nuestros hijos. Con cierta fascinación y, a la vez, con desconcierto, tuve que reconocer, que nuestra existencia como especie y como individuos es el resultado de un accidente, dichoso o desafortunado según se quiera ver; un mero fruto del azar. En pocas palabras concluí, que tristemente somos hijos del albur.

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Día 2
Tallerista: Fernando Tamariz

Extraviado
Pitágoras

Al verme inmerso entre la muchedumbre me sentí perdido, y al imaginar las multitudes en cada rincón del mundo, la angustia me invadió. Al final, pensando en la cantidad de lugares donde podrían existir otros seres en la galaxia, en las nebulosas y constelaciones del universo, concluyo que soy nadie. Y sin embargo, por milagroso que parezca, existo y soy único. Con esa certeza en mente, cuando ví una hormiga e imaginé que ella pensaba lo mismo, me sentí satisfecho de mi superioridad y reí. Poco me duró el gusto. Al anochecer y voltear al cielo, miré las estrellas y percibí los infinitos ojos que me veían como el miserable insecto que soy, mientras, opacada por el silencio sideral, me pareció escuchar la risa que festejaba su preeminencia.

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De excursión
bebé

Sostenido por un delgado cable que lo mantenía unido a la única posibilidad de volver a salvo a casa, podía ver el desfiladero que se extendía más allá de de la imaginación y en todas direcciones. Sin gravedad, resultaba difícil saber dónde era arriba y abajo, cuál era la izquierda o la derecha, y si lo que veía estaba enfrente o atrás. De no ser por el traje y la escafandra que lo separaban del vacío estelar, estaría más muerto que el espacio infinito que, paradójicamente, podría estar pletórico de vida en los pequeñísimos puntos luminosos a su alrededor. Mientras flotaba envuelto por la coreografía del universo, que le ofrecía una espectacular danza de luces en todas direcciones, le inquietaba la idea de estar solo en esa vastedad. En ese momento, la sensación de verse rodeado de seres venidos de otra galaxia o dimensión lo paralizó con una potente mezcla de alegría y pavor.

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El descubrimiento
cero

¡Hay vida después de la muerte! Pensó.
Pero el planeta se alejaba, se alejaba...

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Día 3
Tallerista: Jorge Oropeza

La profecía
Proserpina

Finalmente los muertos regresarían para cumplir la voluntad del Omnipotente y así devolver el caos al mundo, pero una vez los muertos levantaran la cabeza y vieran lo que estaba pasando allí, ninguno se atrevería a salir de su tumba.

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Dudas existenciales
Pseudónimo

Cuando descendí por las escaleras al subterráneo, me invadió una extraña sensación. Todas las caras me parecieron familiares y sus interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo al pasar, me hicieron ver nuestra insignificancia y fragilidad en el universo. Entre tantos yos que pululan como moscas, me pregunté: ¿quién es este yo en realidad?, ¿quién soy? ¿Cuál es mi destino? ¿Acaso es cierto que somos polvo y en él nos convertiremos? Entonces, ¿para qué tanto escándalo, si origen y destino son el mismo? En ese instante comprendí que no sé si voy o vengo, si es momento de bajarme, trasbordar o proseguir el viaje. Por estar absorto en esas reflexiones, perdí el último convoy y tendré que irme a pie por estas calles oscuras y solitarias, más llenas de peligros que cruzar el cinturón de asteroides.

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Agorafobia
Lafitte

Su miedo no provenía de saberse a un paso de la muerte, sino de no tener idea de a dónde iría a parar su conciencia tras el deceso. Si nunca había salido del país y volar le aterraba tanto como la oscuridad, las multitudes o estar en espacios abiertos, tener que viajar a través del las inmensidades del negro universo por toda la eternidad, en compañía de espectros inmateriales, monstruos deformes y la cauda de engendros que han nutrido mitos y leyendas ancestrales, vaticinaba un futuro tormentoso; más aterrador aun que saber que su cuerpo anquilosado y corruptible pronto habitaría un ataúd a dos metros bajo tierra, acompañado de gusanos y de su habitual pereza y procrastinación.

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Día 4
Tallerista: Marcial Fernández

¿Dónde está el piloto?
Pseudónimo

Desde que tomé conciencia de que soy un tripulante más de esta expedición a través del cosmos, he buscado por mar y tierra al comandante de esta empresa para preguntarle nuestro origen, destino y misión, así como alertarlo de diversas anomalías que nos ponen en peligro. Nadie ha sabido responderme en dónde demonios puedo encontrarlo, ni cuál es la próxima escala para bajarme antes del desastre. Creo que nadie notará que hay uno menos a bordo.

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Editorial Divina, S.A.
Gesel van God

Y fue Dios quien, después de crear el universo, dio vida a la humanidad para que ésta tuviera en qué entretenerse, para descubrir sus insondables misterios jugando a las adivinanzas y se tomara el trabajo de arrastrar el lápiz para escribir sus propias versiones. Más tarde pasarían por el editor, que mostraría su escepticismo con movimientos de cabeza, esbozando una sonrisa al leer aquellos cuentos, casi humorísticos e inocentes, tan llenos de candor como fantasiosos. Tras meditarlo, decidiría dejar las cosas como estaban. Después de esa prolongada y narcisista infancia, la raza humana tendría la oportunidad de descubrir la verdad al crecer.

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Juez extraterrestre
Lafitte

Cuando leyó la convocatoria del certamen literario que proponía como tema "El terror cósmico?, término que se refiere a ?la escala a la que operan las historias, una escala universal, en el que existen horrores arcanos y primigenios desde el nacimiento mismo de un universo en el que la humanidad desempeña un papel insignificante?, no pudo contener una risa nerviosa, que poco faltó para que se trasformara en llanto. Le pareció que quien planteaba esa consigna debía ser un alienígena que no ha experimentado verdaderos horrores, como aquellos que, sin necesidad de conocer más allá de la ionósfera, se viven a diario aquí mismo, en la Tierra.

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Día 5
Tallerista: Daniel Frini

Vislumbres
Black Dot

Los gritos son horrendos, salen de un lugar donde la angustia es pura; antes de que se diluya en temores vanos. Así las encuentra el doctor todos los días, amarradas a la cama y en un estado de terror que solo ellas pueden entender. Las contempla con sus ojillos de rata, y sus bigotes de pelos duros y pardos. Se acerca a la cabecera para acariciarles la frente. Entonces ellas vuelven a gritar, tratan de soltarse de las amarras que las sujetan, pero no pueden. Ven los dientecillos filosos del doctor, oyen ese agudo ruido que emite cuando está a punto de morderlas. Es cuando entrevén la cola de él que esos gritos primigenios se convierten en alaridos.

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Universos enanos
Humo Blanco

Anoche me debatía entre la vida y la muerte dentro de un sueño que parecía real. Más bien, era una pesadilla que semejaba ser una vivencia de otra época, en otro plano existencial. Tal vez de una reencarnación, donde mi cuerpo era nada menos que el universo. En su interior, existían galaxias y planetas en los que habitaban pequeños demonios guerreros, feroces y sanguinarios. Fue aterrador. Menos mal que eran estúpidos e insignificantes, y en lugar de conquistar mis órganos y arterias para devorarme, se peleaban entre ellos por una mujer, un castillo o un pedazo de tierra, hasta matarse o se vendían, como mercenarios, por un plato de lentejas. Cuando desperté, me sorprendió descubrir una magulladura en mi puño y un hematoma en el ojo; y fui a la cocina por hielo. Tras recoger unas prendas de mujer que hallé en el piso y limpiar un cuchillo con sangre a medio coagular que encontré sobre la mesa, me deshice de un tazón y una cuchara que, por alguna extraña razón, estaban ahí sin ser míos. Luego de este inexplicable incidente, sé que dormiré tranquilo y bien acompañado esta noche. Todo parece normal y no hay nada que perturbe la paz de mi amplio universo en esta mi nueva y espléndida mansión.

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Día 6
Tallerista: Daniela Truman

Un pequeño olvido
Pepe Le Pew

Dedicó su vida a hacer realidad uno de los mayores sueños de la humanidad: entender qué es el tiempo y medirlo con precisión absoluta. Cuando estaba a punto de lograrlo, un fuerte dolor en el pecho le hizo darse cuenta de una omisión imperdonable en sus cálculos. Había olvidado que todos tenemos el tiempo medido desde el nacimiento y nuestra permanencia es, tan solo, una insignificante irrupción en la eternidad.

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Al filo de la nada
Black Dot

En la oscuridad nada tiene forma. Cada cosa se inventa a sí misma con el tacto que la presiente. Cada ruido es precursor de la distancia, del tamaño del animal, de la sed de sangre de la bestia. La noche es la madre de todos los horrores. Los amamanta como una nodriza y los guarda bajo su regazo hasta que los libera. Escucha los pasos; plof, plof, plof, plof. Siente su respiración en la nuca. La garra que te arranca la piel. Los ojos como carbones vivos que te observan de cerca y esos dientes serrados y disparejos que pronto, muy pronto, devorarán tus entrañas.

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Revelación
bebé

Diseminados sobre una esfera que se empeñaban en destruir, no era buena noticia enterarse que no son los únicos en el universo. Tampoco lo habría sido para el infeliz paciente cuyas células, atacadas sin piedad, recibía la vacuna con los anticuerpos.

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Día 7
Tallerista: Josep M. Nuévalos (el lugar de Carlos ?Sapo? de Bella)

Desierto

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Día 8
Tallerista: Jorge Oropeza (en lugar de Lola ?Tequila? Díaz)

230.435 A.C.
Pseudónimo

En el silencio, toda hoja que cae es un aviso; cualquier susurro, un grito y cada crepitar de un leño al fuego, un cataclismo. Receloso, voltea con frecuencia alrededor mientras, en la mano, afianza un palo y arropa a su pareja con una piel. Miran hacia arriba. Cada estrella es un ojo que vigila; la luna, una deidad caprichosa que se exhibe y esconde en la oscuridad del firmamento. La noche es el cofre donde se preservan sus memorias, miedos y horrores en la penumbra. Al caer las sombras, se abre para liberar los mitos y leyendas que habrán de heredar a su descendencia.

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Democracia y divinidad
Volkandert

?Señor ?dijo el patriarca alzando los brazos al cielo en la cima de la montaña ?te pido encarecidamente que accedas a nuestras peticiones, que nos liberes de la esclavitud, destruyas a nuestros enemigos y nos saques de este maldito desierto. Estamos desamparados.
?Jamás ?se oyó decir a una voz desde lo alto?, yo no me rijo por la voluntad popular. Entiéndelo, soy Dios, no cualquier presidente que es elegido por votación. Aquí mando yo, y sé lo que hago y porqué.
?Pero Yaveh, ¿cómo hacer para que la gente te obedezca y te venere a ti, y no adore a otros ídolos que infunden mayor seguridad y dirección, además de consuelo?
?Eso tiene solución. Diles de parte mía que son el pueblo elegido. A ver, toma una pluma y escribe en esa piedra?

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La novia
Navegando entre líneas

Fueron por la adolescente que estaba recluida en una gruta desde la primera menstruación para preservar su pureza de los apetitos mortales. Alimentada con leche de cabra y huevos de paloma albur para resaltar su blancura, los pechos de la virgen eran como lágrimas de luna que se bamboleaban al compás de los tambores rumbo a la cordillera donde yacía la gran deidad Acatell. Atada a un lecho de hojas de palmera, la chica aguardaba a que el Dios bajara desde lo alto para tomarla como esposa El resto de la tribu se retiró a la espera que despertara con la ofrenda. Mientras, aquel horror palpitaba al calor del sol envuelto en una maraña de apéndices enraizados en la cumbre de las montañas. Inmersa en un sueño eterno, aquella monstruosidad al moverse redujo el cuerpo de la joven a una mancha sanguinolenta.

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Día 9
Tallerista: Lucía Casas Rey

La ruta al nuevo mundo
Pi

La empresa tenía sus riesgos. Algunos le auguraban lo peor, que caería al abismo, que un monstruo le saldría al paso y que su trágico y doloroso fin estaba cerca, pero tenía confianza en su experiencia, en la tripulación y en salir airoso de esa nueva aventura. Él, para quien no existían las palabras miedo o fracaso, aseguraba que tendría éxito y que sabía cómo afrontar los peligros que acechaban en el camino. Las predicciones se cumplieron: se topó con un ente gigantesco con millones de cabezas en un encuentro a muerte. Tras varios días de incertidumbre, gritos de júbilo anunciaron el desenlace. Donald Trump perdía las elecciones.

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Día 10
Tallerista: Tomás del Rey

Norma universal
Pitecantropus

Gestado desde los orígenes del universo, el dios es tan exigente y cruel como el tiempo. No hay sacrificio u ofrenda que lo haga ser más flexible o cambiar sus reglas. Ni con sus siervos más devotos muestra compasión. De una forma u otra, siempre los mata. El brujo de la tribu lo sabe, pero calla por temor a perder su poder, a que sus ceremonias se vean privadas de esas hermosas doncellas y que nadie crea más en sus supercherías, brebajes y curas.

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En el claro de luna
Black Dot

Las criaturas del bosque son silenciosas, no hay forma de encontrarlas si no desean mostrarse. Sus ojos, que brillan en la noche como pequeñas llamas del infierno, ven desde la distancia a sus víctimas. Devoran sapos, ranas murciélagos y mapaches cuando salen a buscar comida al caer la oscuridad. Tú, que gustas de acampar entre los árboles, sé precavido. Yo, que te beso cada noche al acostarte, te aseguro que el dulce olor de tu carne lozana nos resulta irresistible.

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Día 11
Tallerista: Carlos Bortoni

Riesgos universales
Gesel van God

Cuando partió en la nave para explorar el cosmos sintió que la vida volvía a tener significado. Como aventurero estaba acostumbrado a los riegos, y adentrarse en lo desconocido le era familiar, aunque no siempre había salido airoso. Su último matrimonio era prueba de ello.

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Trueque
Black Dot

Tengo miedo ¿sabes? No quiero ver los rostros que se derriten frente a mi ni los cuerpos agusanados que se revuelcan de comezón en la tierra húmeda y hedionda. No quiero contemplar los espíritus que se paran al pie de mi caja y me sujetan los tobillos con manos frías. No quiero oír tampoco los quejidos, las murmuraciones, el llanto, los gritos de los que se rehúsan a dejarme ir. No quiero que mi cuerpo se hinche, que la piel se desprenda de mis huesos, que mis manos se conviertan en una colección de falanges. No quiero tornarme en un recuerdo. Preferiría en todo caso que fueras tú, "que eres tan bueno", el que estuviese dentro de este catafalco.

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Remedio contra la pequeñez
Pitecantropus

Los millones de estrellas, la danza eterna del sol y la luna, el vasto océano a su alrededor y las dudas que lo asaltaban eran parte de los temas que le hacían ver su insignificancia frente a lo desconocido durante la larga travesía. Cuando divisó la tierra y plantó sus pies en ella, buscó un bar, pidió una botella de ron y se olvidó de sus preocupaciones.

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Inapetencia
Celecanto

Llevaron, sin ninguna oposición, a los jóvenes para ofrendar al Dios. De un golpe en la cabeza los postraron en el suelo y con un cuchillo abrieron heridas profundas. Antes de que la sangre corriera formando surcos en la arena, la tribu escapó en busca de refugio. El olor a sangre le indicaría a esa cosa que ya estaba el festín. El grupo de jóvenes esperó anhelante su destino. Pero el horror tras las colinas no se percataba del sacrificio. Antes bien se rascó, entre sueños, como si le picara. De la superficie agujereada de su cuerpo, brotaron cientos de seres del tamaño de un caballo. Desilusionados y sin poder escapar, los chicos fueron devorados por los parásitos de la deidad.

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Día 12
Tallerista: El águila descalza

Encuentro con la realidad
Pseudónimo

Descubrió que sus ojos eran semejantes a los visores de realidad virtual que se emplean para juegos, simulaciones y otros usos. Lo mismo pensó del oído. Concluyó que los demás sentidos, el sistema nervioso y el cerebro son una suerte de traductores o intérpretes de lo que ocurre en el mundo real, más no necesariamente son fieles ni precisos. También cayó en la cuenta de que moriría sin ellos, y un escalofrío recorrió su cuerpo. Mientras en la mente tenía la certeza de estarse apuntando con el dedo índice frente al espejo, su mano le decía que empuñaba un revólver, el oído parecía confirmarlo al escuchar que se amartillaba el gatillo y la vista y el olfato daban cuenta de que ese era un hermoso día de primavera en el jardín. Al percatarse de que solo podría conocer la verdad estando muerto, prefirió quedarse con la duda, en la cómoda tranquilidad que brinda la mentira.

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Círculo vicioso
Serpico

Provenir del polvo y regresar a él se le antojaba como un despropósito y un desperdicio; algo que no estaba escrito en la trama original de la creación. Intuía que la perseverancia era la clave para reunir conocimientos, llegar a la sabiduría y trascender. Se propuso lograrlo y emprendió un largo viaje. Luego de años de caminata y navegación por todos los mares, jamás entendió cómo ni por qué había vuelto al punto de partida, al mismo sitio polvoriento de donde había salido décadas atrás.

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Día 13:
Tallerista: Laura Elisa Vizcaíno

Sin palabras
Isishayo

La primera noche después del desembarco no pude dormir. Ruidos amenazadores y ojos brillantes me acechaban en la oscuridad. En algún momento, en un pestañeo, sentí un vaho fétido sobre mi cara y, en otro, pelos que rozaban mi brazo. Con un grito los ahuyenté. Al día siguiente, al despertar de una breve siesta al mediodía, me enteré que ya tenía pareja y no podía desaprovechar la ocasión que tal vez no volvería a repetirse. Por ese motivo tampoco dormí la segunda noche. Al amanecer, el hambre nos atormentaba y no encontramos nada apetecible por los alrededores, a excepción de unos frutos rojos y brillantes que pendían de un árbol, donde merodeaba una extraña criatura reptante, alargada y sin patas. Nos dimos un festín. Al poco tiempo, luego de haber pisado varios montículos y pedruscos malolientes, caímos en la cuenta de que estábamos en verdaderos problemas: no había sanitarios.

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Cataclismo cósmico
Gata Blues

El abuelo tenía razón... en todo caso, cualquier tiempo pasado hubiese sido mejor.

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Día 14
Tallerista: Mónica Brasca

Nunca Jamás
Pi

No entendía por qué la tenían en ese lugar, si de todas maneras iba a morir. ¿Para qué privarla de sus últimos días de conciencia, tenerla bajo sedantes y conectada a esos aparatos? Cruzó fugazmente por su cabeza la idea de que aquellos hombres y mujeres de blanco podrían tener otras intenciones. En cualquier caso, era mejor huir aprovechando la oscuridad. Se levantó de la cama, se retiró las agujas y cables y, procurando mantener el equilibrio, salió del cuarto sin que la vieran.

En la calle, no le pareció extraño que la gente la mirara así. Aún llevaba la ropa hospitalaria, su aspecto debía ser desagradable y estaba desorientada. Al pasar por un callejón, un indigente le brindó algo de alimento. Aunque logró satisfacer su hambre, se preguntaba cómo reaccionaría su organismo ante aquel bocado sanguinolento y alcoholizado que nunca despertó de su sueño.

Su situación era precaria: herida y débil, no tenía idea de cómo regresar a casa sin padecer las penurias que la habían llevado hasta ahí, donde, al caer, había perdido tres de sus seis patas y una de sus alas. Abatida, levantó la vista y se quedó mirando con nostalgia la segunda estrella a la derecha.

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Día 15
Tallerista: Patricia Mejías

Placebo
Humo blanco

De pequeño le atemorizaban las historias de monstruos y alienígenas, sobre todo si eran verdes y viscosos o peludos; de malvados que pretendían acabar con el mundo; de quienes hacían experimentos genéticos, y otros tantos peligros que acechan en el universo. Al crecer, entró en razón y entendió que no había de qué preocuparse, y que la humanidad, por insignificante que fuera ante los portentos del cosmos, podía dormir tranquila y a salvo de toda clase de engendros y espantajos. Para eso estaban Supermán, Flash y la legión de los superhéroes.

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Día 16
Tallerista: Josep M. Nuévalos

El cometa
Cero

Se escabullía de galaxia en galaxia con gracia, sólo tomando la fuerza gravitacional necesaria para proseguir el viaje, cumpliendo su cósmica misión de repartir partículas para la vida. Pero una atracción irresistible lo sedujo hasta engullirlo con todo y su larga y preciada cola: Un agujero negro supermasivo lo transportó hacia la insoportable levedad del no-ser.

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El colapso de la mansión Usher
Pseudónimo

En la biblioteca de su mansión en medio del bosque, tenía las obras de todos los autores conocidos del género de terror. Presumía de haberlas leído tantas veces, que ya nada podía horrorizarlo en esta vida. Cierta noche le sorprendió un polvillo blanco que caía de las vigas del techo, señal de la invasión de termitas y polillas, mientras veía cómo brotaban gusanos entre el moho de los muros. Sin advertirlo, surgieron cuatro tentáculos de entre los estantes, lo apresaron hasta casi asfixiarlo, en tanto las criaturas de todos aquellos libros cobraban vida, exigiéndole que detuviera la masacre y reclamando indemnizaciones por daños psicológicos. En ese momento entendió el significado del horror y, mientras limpiaba el vómito y otras secreciones liberadas durante el trance, comprendió que todo manifiesto amerita siempre una excepción.

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Día 17
Tallerista: Carlos Martín Briceño

Supremacía blanca
Isishayo

Cuando el hombre llegó apresurado y sudoroso al quirófano, empezaba el alumbramiento de uno de sus hijos. Había conducido casi mil kilómetros para estar ahí y quedó horrorizado al ver emerger un bulto oscuro y sanguinolento, bañado en un líquido viscoso, con un cordón enredado al cuello. Su pulso se aceleró y pensó en lo peor. Por su cabeza cruzaron toda clase de emociones encontradas mientras miraba fijamente al bebé. Su esposa era blanca, él también y no había antecedentes de mezcla racial en ninguna de las dos familias. Recordó sus constantes viajes y ausencias por motivos laborales. Su mente se obnubiló, y con evidente irritación y profiriendo maldiciones, quiso increpar en ese momento a su mujer, pero fue interceptado por una enfermera, quien le dijo:
?Antes de acercarse y decir palabra, póngase esta bata, los guantes, el cubrebocas y quítese esas horrendas gafas para el sol. Oscurecen el entendimiento.

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Leviatán
Pi

Después de semanas de tensión y preparativos, por fin llegaba el momento de enfrentar al monstruo cara a cara. El futuro de la humanidad dependía de poner fin a sus atrocidades y acabar con él. Los daños dejados a su paso y la memoria de sus tantas víctimas lo exigían. Como era de esperarse, la batalla duró varios días y el fragor de la lucha convirtió las voces en gritos, agitó mar y tierra, y tras las nubes de polvo que se levantaron, surgieron victoriosas la razón y la cordura sobre la criatura que, desde la mansión de fachada blanca donde agoniza, se niega a aceptar la derrota, alegando que fue víctima de fraude.

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Día 18
Tallerista: Elisa de Armas

Desierto

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Día 19
Tallerista: Paola Tena


Juicio a la ligera
Frío lento

Por las noches se daba cita con las criaturas más repugnantes. Con emoción, las oía salir de sus sepulcros, reptar, escalar por paredes y techos. Disfrutaba con los tormentos a los que sometían a sus víctimas, mientras los gritos al desangrarse le producían un efecto embriagador, aunque ?en ocasiones? un leve escalofrío recorría su espalda cuando clavaban sus colmillos o hundían sus garras en una presa. De la mano de ellas, descendía por abismos inimaginables, más allá del infierno, hasta las pesadillas más siniestras. Al terminar el aquelarre, luego de un bostezo y estirar los brazos, daba un último sorbo a la taza de té antes de dejar el libro en turno sobre el brazo del sofá e ir a la cama, tras rezar cuantas oraciones y conjuros conocía. No era por miedo que revisaba que la estaca, su pistola y la bala de plata estuvieran en el cajón de la mesa de noche, sino por simple precaución, sin olvidar que el crucifijo bajo el colchón siguiera ahí, lejos de miradas curiosas e indiscreciones que pudieran calificarlo injustamente de cobarde y supersticioso.

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El horror sin nombre de las tierras vacías
Navegando entre líneas

Después de mucho tiempo de explorar, encontró la tierra de Orem. Era una llanura sin vegetación ni agua, solo una extensión de tierra dura, imposible de escarbar. Según la leyenda, existía una cúspide en la cual el iniciado podía acceder a la sabiduría eterna. Buscando la elevación, se topó con una de sus congéneres.
?Hermana ?le preguntó?, ¿qué clase de lugar es este? Llevo todo el día caminando y no encuentro ni un grano de arroz ni una migaja de pan. Solo sé que estaba en el jardín y de pronto aparecí aquí.
?¡Ja! ?exclamó la otra?. Consulté oráculos y adivinos; busqué por mucho tiempo y usted encuentra la tierra de Orem por casualidad?
Al sonido de las voces, acudió una de los suyas que salió de una gruta y las previno:
?Compañeras, debemos salir de este sitio. Estamos de pie sobre una cosa que no podemos comprender. Su voz es tan alta que no podemos escucharla. Nuestros ojos no pueden captar la magnitud de su ser.
Las otras dos se echaron a reír, pero el hombre levantó la mano y se rascó el
rostro, matando a las tres hormigas que habían alcanzado su nariz.

***



Moral universal
Pepe LePew

A Lady Sommerville, fina dama de linaje victoriano, la sola idea de que exista vida inteligente en otros sitios del universo le parece absurda por ser contraria a las buenas costumbres. Desde su óptica es pavorosa. Está segura de que El creador jamás permitiría que gente tan distinguida como ella pudiera mezclarse con una chusma de antropoides, con bichos deformes o viscosos y otras abominaciones, aunque fueran creyentes y devotos, asunto que pone en duda. A menos ?claro está? que existiesen cielos de segunda y tercera clase, tal como corresponde a un Dios visionario y justo, acorde con la moral de una sociedad tan desarrollada como en la que se desenvuelve. Mientras reflexiona sobre el tema, chasquea los dedos, el vehículo se detiene y dos lacayos se apean para abrirle la puerta. Tras una discreta señal, se tienden sobre el charco que arruinaría sus zapatos.

***

Viaje por el cosmos
Murata

Sintió una descarga en la nuca y después, una enorme ola de luz y un estruendo lo aturdieron. Al recobrarse, ángeles y querubines con liras y flautas lo rodeaban. Buscó a tientas en medio de la repentina neblina hasta que vio una ventanilla y la cara de un gusano en uniforme detrás.
?Un boleto a la Tierra, por favor. Llevo prisa ?le solicitó mientras extendía la tarjeta de crédito.
?Lo siento, aquí no es válida.
?¿Cómo? Es American Express Platinum VIP Extra Plus, ¡cómo no va a serlo, si es la llave del universo!
?De aquel, pero no de éste, Míster? Lazcanou ?replicó mientras se acomodaba las gafas para ver el nombre grabado en ella.
?A ver, explíqueme eso de aquel y este universo. Si no estoy en Marte, entonces, ¿dónde demonios estamos?
?La estación de transbordo de Cosmolíneas Ala-Eternidad.
?¿Transbordo?, ¿a dónde?
?Al cielo, al infierno, al purgatorio o al limbo, que como ya no existe es eso justamente, el limbo. Usted elija a dónde quiere ir, señor Lazcano.
?A la Tierra, ya le dije.
?Excelente destino, buena elección, lo felicito. Es el único que dispone de todo: cielo, infierno, purgatorio y limbo, all-in-one y all-inclusive, dependiendo del país. Puede probar llegando allá, para ver cuál le acomoda más.
?Sigo sin entender qué pasa.
?No se preocupe, allá están igual que usted y se sentirá como en casa. En estos días de virus y pandemia, nadie entiende qué sucede.

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Día 20
Tallerista: El último Abencerraje

Desierto.
Coordinación de La Marina 2020.
09 de December de 2020 / 23:26
MINIFICCIONES FINALISTAS DE NOVIEMBRE DE 2020 09 de December de 2020 / 23:26
Coordinación de La Marina 2020.
 

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