Cadáveres (Liquidámbar)
Ayer, mojados por la lluvia, los troncos de los eucaliptus secos eran enormes gomeras que amenazaban mi soledad creativa. Hoy fueron talados a ras del suelo. Ahora los jóvenes robles de alrededor podrán crecer libres y despreocupados, sin que los árboles muertos les recuerden cuál será su destino. Ya no acechan detrás de mi ventana, intimidándome, pero tampoco así puedo escribir.


Arbolitos (Bebé)

Esos gigantes, con sus troncos ásperos y nudosos y sus ramas enormes, inalcanzables, extendidas hasta arañar el cielo, eran una amenaza en mis correrías infantiles. Estar bajo su sombra o ser atrapado por sus raíces eran mis mayores temores. El día que me topé con varios ejemplares en miniatura, nadando en un espeso caldo en mi plato, creí estar soñando o haber crecido de la noche a la mañana. Era desconcertante encontrarlos hasta en la sopa y la mirada de mamá, observándome desde el otro lado de la mesa me confundió aún más. Tuve miedo de que, al comerlos, crecieran dentro de mí y me convirtiera en uno más. Mientras me tranquilizaba, entre risas, ella me reveló el nombre un tanto curioso de aquellos árboles bebé: brócoli.


Anoxia (Pitecantropus)

Me suponía muerto, abandonado a mi suerte dentro de un pabellón rodeado de plantas y árboles, en espera del momento de mi entierro. Un ruido rasgó el silencio. Entre bruma, en el límite de la conciencia, percibí cuando traspasaron las paredes. Sus raíces reptaban al acercarse, treparon hasta alcanzar mi cuerpo y lo cubrieron. Sentí cómo uno de sus capilares entró por la boca hasta la tráquea. Tuve náuseas, y miedo. Contra lo que esperaba, empecé a respirar. Días más tarde fui dado de alta. Aun cuando estoy a salvo, vivo con temor hacia esos extraños árboles que me dieron la oportunidad de escribir esta segunda parte de una vida que, según me dijeron ellos mismos, no tendría secuelas.



Una mirada al vacío (Humo blanco)

No tenía opción. Aunque me aterrorizó la estampa de aquel pino enraizado imprudentemente al borde del precipicio, trepé en él. No paraba de rezar para que no lo venciera mi peso y se desbarrancara mientras, con todas mis fuerzas, me mantenía aferrado a una de sus ramas. El oso que me perseguía era aún más temible.



Enigma (Lafitte)

Aquel sabino añoso y retorcido frente a su casa le quitaba el sueño. Sus brazos grotescos se extendían hasta su ventana y los dedos, huesudos y deformes, pedían su atención a toda hora.

Su figura siniestra lo atemorizaba cada vez más, hasta convertirse en odio. A cada intento que hacía por envenenarlo, prenderle fuego o cortarlo, un evento fortuito lo frustraba: una inundación, un huracán o un terremoto. Fue hasta el día que decidió dejar de pensar en él y olvidarse del asunto, que el árbol murió, ahogado en un mar de indiferencia.


Beduinos (Gesel van God)

Fueron ellos, los árboles, quienes nos ocultaban el horizonte y oscurecían la luz del sol con su follaje; los que nos proveyeron de lanzas para pelear y de los sarcófagos para enterrar a los muertos. Fueron los que robaron la esencia de las rocas para perpetuarse, petrificados; quienes carcomieron el pasado con sus raíces, rompiendo las piedras hasta convertirlas en arena, y que, como nigromantes, presagiaban el futuro hurgando en silencio entre los restos de nuestras ruinas.

Después de haberlos exterminado, y con ellos nuestros temores, vagamos por el desierto en busca de un oasis, rogando a Alá que nos cubra con su sombra, intentando encontrar algún vestigio que indicara dónde se desvió el camino..
Paola Tena
26 de February de 2021 / 01:08
SELECCIÓN 19 DE FEBRERO PAOLA TENA 26 de February de 2021 / 01:08
Paola Tena
 

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