La Marina de Ficticia
MINIFICCIONES FINALISTAS DE ABRIL DE 2021

Tema: Autobiografía de un asesino serial
Juez: Ana María Shua, escritora argentina


Día 1
Tallerista: Carmen Simón

Confesión
Black Dot

—Sí, señor cura, me acuso yo, como me culpan los demás.
— Pero, hijo...
—Yo me los cargué a todos, padre: el primero por retarme con la vista, el segundo por comer como chancho, al siguiente por delatar mi nombre con los milicos, el cuarto por insultar a una anciana. Y así encontré justificaciones hasta que perdí la cuenta. El último fue por pura convicción. Llámele usted amor al arte.

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Modelo de eficacia
Volkandert

A quien corresponda:

No ser descubierto fue emocionante al principio. Al darme cuenta de que nadie se interesaba en atrapar al asesino de gente de bajo perfil, busqué diversificarme. La emoción de cobrar notoriedad y haber sido bautizado como “el verdugo encapuchado” por la prensa, convirtió mi pasatiempo en empleo nocturno, y más tarde, en un trabajo de tiempo completo. Al paso de los meses fue más difícil encontrar a mi siguiente víctima, hasta que al final solo quedó una. Temo que cuando esto acabe, no haya quien lea esta nota y pueda aclarar las circunstancias de mi muerte. Tampoco a quien culpar.

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¡Salud!, capitán
Pepe Le Pew

Descubrimos que había un polizón a bordo que robaba la comida y nos propusimos encontrarlo. En los días siguientes desapareció más de una docena de marineros, sin otra explicación que la del ladrón convertido en asesino. Continuó el misterio. Poco antes de llegar a puerto conseguí salir de la pocilga compartida donde dormía y tomé posesión del camarote del capitán, ausente también. ¡Era tan amplio y cómodo!

Nadie llegó a sospechar que el intruso fue el primero en visitar a Neptuno. Brindo a su salud. A nadie más que a él debo mi meteórica carrera y las raciones extra que disfruto desde aquella noche. Alzo asimismo mi copa por los caídos y su acuático silencio eterno.

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Cuentas saldadas
Simbad

Las imágenes mostradas durante el juicio me eran familiares. Los rostros de las víctimas de una serie de desapariciones misteriosas de las que me acusaban, correspondían con las fotografías del anuario de aquella infame escuela donde sufrí el acoso de mis compañeros. Todo quedó en meras conjeturas del fiscal y no hubo prueba que me incriminara. Desde que logré reunirlos uno a uno en el bosquecillo cercano, era imposible que volvieran a molestar o a delatarme. Tenía la certeza. Un metro bajo tierra lo garantizaba.

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Limpieza extrema
bebé

Admito que pude haber cometido uno que otro error en la vida; tal vez en ocasiones me he dejado llevar por la pasión, pero juro que jamás asesiné a nadie ni tuve tal intención, sino la de librar a la humanidad de la amenaza de cucarachas, ratas y gusanos.

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Prolegómenos
Mrs Dalloway

No quise, a esta altura de mi vida, hacer las cosas a la marchanta. Necesito mantener mi prestigio de hombre detallista y previsor. Como sé que en todo asesinato debe haber un mayordomo a quien culpar, puse un aviso en el diario. El primer candidato que se presentó tenía el “pysique du rol”: alto, delgado y ceremonioso. A los pocos días de contratarlo, lo encontré hurgando en mis papeles de negocios y no tuve más remedio que deshacerme de él. El segundo, obsecuente y charlatán, desparramó chismes en el pueblo acerca de mis costumbres particulares. El tercero parecía ser el definitivo. Era discreto y eficiente, pero me robó objetos de gran valor afectivo y, al igual que al anterior, me vi obligado a eliminarlo.

Mientras en el jardín ya son tres los montículos de tierra removida que hice tapizar de flores de estación, mi objetivo principal, el socio infiel que debería estar muerto y enterrado, sigue vivo. Sería un bochorno que se descubrieran estos pequeños desvíos de mi plan original y me tildaran de poco eficiente y procrastinador.
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Día 2
Tallerista: Fernando Tamariz

Craso error
Lafitte

Cuando era pequeño me entretenía atrapando ratas a las que rociaba gasolina y les prendía fuego. Verlas correr en zig-zag, en círculos y dando maromas como luciérnagas infernales rasgando la noche era divertido; sus chillidos, escalofriantes. Lo seguí haciendo a lo largo del tiempo y a través de la escala evolutiva con una extraña mezcla de curiosidad científica y placer por el dolor ajeno, hasta que cambié de métodos. Pequé de optimista cuando llegué al pináculo de la evolución. Las primeras dos ratas de dos pies que capturé murieron de miedo antes de que encendiera el fósforo.

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Espíritu de superación
Serpico

Amo los tiempos de bonanza. Tanta abundancia es una tentación para alguien como yo, que está convencido de que todo es susceptible de mejora. Aunque las estadísticas no reflejan aún las decenas de individuos que ya retiré de la circulación, estoy seguro que un poco de perseverancia y suerte, me ayudarán a dejar huella en la historia. Además de gente, lo que sobra es tiempo.

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Inercia
Chester Truman

La primera víctima es como el primer beso: nunca se olvida. El resto, son variaciones sobre un mismo tema, pura inercia. A estas alturas, he perdido la cuenta de mis besos y de mis víctimas. Con los años ganas técnica pero pierdes motivación. Lógico, si lo piensas. Que siga matando es lo mínimo que todos esperáis de mí. Y por nada del mundo quisiera decepcionaros. Yo no.

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El chef
Pseudónimo

Nada igualaba el sabor de mis platillos exóticos. Tenía reservaciones confirmadas por un año en mi célebre restaurante y la clientela hacía fila a todas horas. La ausencia de gente en la calle a causa de la pandemia lo arruinó todo. Ahora escasean los comensales y los insumos, en particular esas carnes importadas que me dieron tanta fama.

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Cuatochin
Black Dot

Los dioses deciden quién ha de partir. Les temo, saben demasiado de mí. La primera vez que los oí tenía quince años. Me ungieron con la roja sangre de un conejo que pataleaba en los estertores de la tortura. Los ojos espantados de cuatochin muriéndose, la sensación de que su vida estaba en mis manos, me sedujeron. Desde entonces me esfuerzo en servirles. Me demandaron a mi mejor amigo. Obedecí, lo inmolé en su honor. Como un azteca sacrifico a todo aquel macehualtin que es señalado por ellos. Con manos crispadas arranco sus corazones del pecho y lo levanto a las cuatro esquinas del mundo, para después degustar la firme textura del órgano, que, sin razón, late en mi paladar.

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Patrón de conducta
Gesel van God

Estaba acostumbrado a que desde pequeño me ordenaran qué hacer y me fuera impuesta la obediencia como norma mediante amenazas y severos castigos. Más tarde no me pareció extraño que voces lejanas me señalaran quienes debían morir. Yo acataba también sus caprichos ante el temor de ser desterrado al infierno. Supongo que es justicia divina o, quizás, mera coincidencia que los primeros en ser nombrados hayan sido un tío, mi padrastro y el hombre con sotana que tomaron ventaja en el pasado. Habiendo llegado a adulto, me resisto a seguir aceptando órdenes y a obedecer a ciegas. Sé que debo asumir el control de mi vida y enterrar a los fantasmas del ayer, como aquella maestra y los dos antiguos compañeros de la secundaria. Tal vez el terreno abandonado junto a la escuela sea buen sitio.
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Día 3
Tallerista: Jorge Oropeza

Gracias, Darwin
Murata

Con el tiempo encontré que casi todo es útil. A mi paso, cosecho cordeles, trozos de lámina, vidrios, alambres o alcayatas por la calle en el viejo carrito de supermercado, al tiempo que de cuando en cuando siembro un poco de ese miedo primigenio, tan elemental en la conservación de la especie, que la vida urbana nos robó. Hasta una estaca de madera funciona para hacer valer aquellas leyes naturales que dictan la prevalencia del más apto, como la que dejé clavada en el pecho de la mujer que intentó robar mi preciado arsenal.

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Ascenso al trono
Pseudónimo

Mi larga lucha contra las fuerzas del mal desde la oscuridad del anonimato me hizo notorio y hasta popular. Luego de varios años de penurias en las sombras, la justicia se impuso para dar paso a mi redención, y cuando el reloj de la torre marcó la hora con solemnidad, llegaron por mí para conducirme, como ordena el protocolo, hasta el trono que merecía por mis acciones. Satisfecho, sonreí a la selecta audiencia congregada en el salón antes de tomar posesión del solio. Me colocaron los brazaletes y la corona fue ceñida sobre mi cabeza. En ese instante crucial tuve la visión reveladora de que solo muerto podrían sacarme de ese lugar. Más adelante lo confirmé, cuando el celador accionó el interruptor y sentí la descarga. El médico legista tendría el privilegio de expedir el certificado respectivo poco después.

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Breve autobiografía
Melón

En realidad, hay poco qué decir sobre mi vida que no se haya dicho ya, excepto que era doblemente abrumadora. Cada mañana, al despertar, tenía que deshacerme de un cadáver más traído por el señor Hyde.

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Líquido vital
Black Dot

Los cuerpos de agua me han llamado la atención desde pequeño. Nada permanece igual. Siempre cambiantes los ríos son una serpiente que se mueve desde el día primigenio y seguirán haciéndolo hasta el dial del juicio. En ellos he puesto mi fe. En sus entrañas líquidas todo se descompone rápido. Florecen en ellos enjambres de moscas y gusanos que se reciclan a sí mismos y a los restos en una metamorfosis macabra. Los organismos se hinchan, revientan. Por ello, en el agua deposito los cuerpos de mis víctimas y toda mi confianza de no ser capturado.

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El DDT
Big Brother

Desde niño aprendí que era preciso matar arañas, cucarachas y ratas para sobrevivir en aquel cuartucho donde vivía. Así gané mi apodo. En la adolescencia me di cuenta que el barrio estaba invadido por otros bichos más perniciosos, y continué con mi tarea hasta la juventud, cuando descubrí que también eran comestibles y agradables al gusto. Era necesario para no sucumbir. Como adulto constaté que estaban por toda la ciudad, que disfrutaba verlos sufrir y que me producía un enorme regocijo oír sus súplicas mientras cortaba sus extremidades hasta que dejaban de respirar. Para entonces, esas fuentes bípedas, gratuitas, llenas de proteínas y sabores extravagantes, ya me eran indispensables.
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Día 4
Tallerista: Marcial Fernández

Teoría y praxis
Pseudónimo

Desde joven me esmeré al escoger a mis víctimas. Tuve predilección por individuos con rasgos de personalidad conflictivos y contrastantes, con claroscuros. Una vez en mis manos sufrieron toda suerte de torturas antes de ser asesinados. Me regocijaba escuchar sus súplicas y cómo sus gritos se ahogaban lentamente en su sangre, mientras el dolor los envolvía. Era un placer indescriptible. Con el paso de los años logré mejorar mis técnicas, hasta conseguir la perfección deseada y hacerme de cierta fama. Ello me permitió afirmar que mi última novela negra se convertiría en un éxito editorial. Y lo fue. No entiendo por qué, cuando pasé al terreno práctico, todo resultó tan desastroso.

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Disección teorética
Cuervo Azul

Farabeuf lava sus manos y se coloca los guantes. Una decena de estudiantes lo observan: a él y a un textito que yace sobre una plancha metálica. “¡Está enfermo!”, murmuran desde la gradería en aquel antiguo anfiteatro. Otros cubren su boca con paños o con las mangas de su bata estudiantil. De pronto, ven lo que representaría un logro inaudito de la ciencia médica: El doctor levanta entre sus manos una idea, libre de desvaríos u ocurrencias; después de décadas de teorías e hipótesis al fin contemplan su existencia en estado puro. Pero algo más grande ocurre entonces, se dan cuenta de aquello indecible en cuya extraña anatomía jamás se ha descrito: su fugacidad.

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Citius, altius, fortius
bebé

Nunca entenderé a los atletas profesionales. Son tramposos, capaces de recurrir al engaño, a drogas prohibidas y, quizás, hasta al soborno para lograr sus metas. Ruines y vanidosos, se envilecen al perseguir el dinero y no la satisfacción, que constituye la verdadera recompensa. El amateur es genuino y honesto consigo mismo, y libre de hacer lo que le plazca. La práctica del deporte como aficionado resulta más gratificadora aunque, paradójicamente, impone mayores exigencias. La competencia es contra la debilidad y la falta de carácter; significa enfrentar los propios temores y deficiencias. Busca la perfección y la excelencia, sin marcas que superar mas que las propias. En resumen, vencerse a sí mismo, no a otros. Por eso amo el amateurismo en este excitante deporte de la cacería humana. Aquí, yo defino el objetivo y los métodos.
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Día 5
Tallerista: Daniel Frini

Primavera
PatriciaCP

Se había instruido en las artes necesarias para hacer florecer su rosal. Sabía que no cualquier mano lo lograba, por ello intentó de todo: tierra nueva, abono, rituales; aún así no conseguía su rosal anhelado, ni siquiera en primavera. Un día todo parecía ser ideal para alcanzar su objetivo floral, sin embargo, después del tiempo estipulado nada emergió de la tierra. Era una decisión inexorable para sus sueños: necesitaría otro cadáver más jovial para intentar el siguiente mes.

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Matar a un ángel
Chester Truman

Hace un par de meses que un asesino en serie tiene atemorizada a la ciudad. La poli trata de hilar los crímenes, establecer la relación entre las víctimas, coincidencia de fechas y cosas así. Hallar un patrón de conducta, en fin. Se ahorrarían muchísimo tiempo si supieran que, sencillamente, cada día escojo un nombre al azar de la guía telefónica. Hoy le toca a Joe Malkovik, con domicilio en el 36 de Cherry Street. De él me consta que es rubio como un querubín y trabaja en el aserradero. Ah: y que tiene alas.

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Hijo pródigo
Black Dot

Veo a mi madre a través del grueso vidrio. Como tanto he oído, la pantalla de cristal causa que la gente se vea más grande, “Ganan peso y años”, dicen. Ella no es la excepción. Los surcos alrededor de sus ojos, se ven más profundos, también los de su boca. Su espalda encorvada parece soportar, después de esta fama mal ganada, el paso de muchos años más de los que tiene. Los que la entrevistan son inmisericordes, como si ella tuviese la culpa. Quizás sí, aunque, nunca lo sabremos. Lo cierto es que le cumplí. “Un día quiero salir en la tele”, me lo dijo tantas veces. Hoy estoy aquí, en esta jaula sucia, como un macabro canario cuyo canto se expresa en la cantidad de muertos que me achacan. Ella en la televisión, su sueño hecho realidad. Yo de este lado, lleno de orgullo.

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Ética criminal
Pseudónimo

Como ilusionista, mago y maestro del escapismo, todo el tiempo gocé de una notoria (y alevosa, lo reconozco) ventaja sobre mis víctimas. Mientras les hacía creer, según las circunstancias, que era un caballeroso príncipe austriaco, un famoso actor de cine o un acaudalado playboy, me apoderaba (literalmente) de su corazón y abusaba de ellas para después cortarlas en trozos e introducirlas en mi chistera. Acto seguido, desaparecía de la escena sin dejar rastro. Con los hombres era más sencillo. De ellos solo me interesaban su cartera, el reloj (siempre y cuando fuera de buena marca) y charlar amigablemente antes de asestarles un tiro en la cabeza y escapar. Siempre actué con cortesía y amabilidad, jamás con violencia. Me parecía de pésimo gusto amargarle el día a alguien y despacharlo a la otra vida con un mal sabor de boca.

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Yo, asesino
Jane Doe

Las drogas despertaron mis instintos desde muy joven. Perros, gatos y cualquier animalejo que se me cruzara fueron mis primeras víctimas. Luego, en el matadero, perfeccioné mi técnica: degollación limpia. Poco después de casarme fui fletero y allí comencé mi carrera en forma. Por cinco años aterroricé la frontera y el sur de los states. Ahora, aguardo ser achicharrado en la silla, pero creo que no les daré gusto; un curita me obsequió su crucifijo y he terminado de afilarlo.

Justo a mi yugular: qué placer.
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Día 6
Tallerista: Daniela Truman

Un grano de arena
Pitágoras

La primera ocasión que segué una vida fue algo repugnante, pero juzgué que era justo hacerlo. La segunda me produjo náusea, mas creí que era lo pertinente. La tercera fue tolerable y hasta placentera, aunque tal vez innecesaria. A partir de entonces, cada vez que lo hacía se desencadenaba un torrente de emociones, pero debí admitir su futilidad. Cierto día concluí que a ese ritmo, me tomaría siglos terminar con todos aquellos por los que sentía esa inexplicable animadversión. Me pareció más práctico dejar que el tiempo hiciera su trabajo. Yo continuaría con gusto como facilitador en los casos de urgencia.

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Un mundo nuevo
Big Brother

Aun cuando me pareció un tanto siniestra, la idea de escribir la autobiografía de un asesino serial para participar en un certamen literario representaba un desafío interesante. No resultó tan difícil. Solo fue necesario cerrar los ojos y cortar de un tajo mis prejuicios al primer intento para descubrirme inmerso en la oscuridad y el horror. Sin embargo, al cabo de varios meses he llegado a lamentarlo. Debí haber incursionado antes en este fascinante mundo lleno de retos y nuevas emociones.

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Silencio reptiliano
Enigmática

Me llamaban "Yack el Destripador", pero yo era un tipo normal y corriente. Sólo que aquel día, encontraron a la víctima junto al dossier que rezaba: "¡Maldita víbora! La estrangulé para que callara de una vez y para siempre!

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Licencia para escribir
Luz y Fer

Fui implacable con mis víctimas. Las perseguí y torturé hasta aniquilarlas con el arma más efectiva: mi pluma.
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Día 7
Tallerista: Josep M. Nuévalos (en sustitución de Carlos de Bella, “Sapo”)

Veni, vidi, vici
bebé

Los contendientes se preparaban cada día mejor y la competencia era reñida. Las marcas se batían constantemente mientras el mundo, atónito, observaba. Mi incursión en el ámbito deportivo fue todo un éxito. En tan solo una semana coseché más de trescientas medallas de oro, plata y bronce y un récord mundial. Pasados estos años, la policía todavía se quiebra la cabeza para averiguar cómo fue posible que ocurrieran aquellas muertes en serie en la Villa Olímpica.

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Impresiones dactilares
Volkandert

Quienes vieron mi cuchillo antes de cortarles el cuello, estaban escogidos al azar. Creí que la nula relación entre ellos, además de su silencio, era mi seguro de vida. Nunca pensé que fuera el arma la que hablaría para delatarme. Sospecho que se cansó de que abusara de ella o de que jamás le concediera ningún crédito por mi fama. No sé dónde ni cuándo escapó subrepticiamente sin dejar huella. En un descarado acto de traición se las llevó todas consigo. Supongo que tras una denuncia anónima supieron establecer la conexión e interpretar todo aquel mutismo.

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Elegancia
Simbad

En todos los casos dejé una flor y un sentido poema al lado de quienes vi exhalar su último aliento en mis manos. Nunca faltó una elegía con el sincero pésame a sus deudos, acompañado de la atenta recomendación de guardar respetuoso silencio por la víctima a cambio de mi olvido y mis mejores intenciones por el bienestar futuro de sus allegados. He sido un creyente de que la Muerte no tiene que ser algo trágico ni doloroso y que, con el lenguaje apropiado, siempre es posible llegar a acuerdos entre gente civilizada.

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Cuestión de Higiene
Pi

Elegía a las víctimas por Internet. El catálogo de candidatas parecía ser inagotable. El anonimato era mi cómplice; la búsqueda de satisfacción mutua, el pretexto; un cuchillo, el arma predilecta y la sorpresa, mi principal aliada. Lo hice por varios años hasta descubrir que se había convertido en una adicción, más poderosa que cualquier droga y que, por su bajo costo, sería difícil de erradicar. Frente a la posibilidad de ser catalogado como un asqueroso asesino serial y un inmundo adicto, no me quedó más opción que contratar a dos sicarios que, tras la consumación de los actos amorosos, se encargaran del trabajo sucio para mantener mis manos limpias.
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Día 8
Tallerista: Paola Tena (en sustitución de Dolores Díaz A., “Tequila”)

Personalidad múltiple
Cero

Solo me falta matar a uno.

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Manual del buen asesino
Bebé

En mi oficio, la experiencia me hace resumir el éxito como la combinación de tres ingredientes en perfecto equilibrio: aplomo, contundencia y sangre fría. El primero le corresponde al asesino; el segundo, al arma. El tercero, lo aporta la víctima. Su sangre se helará al enterarse de que, al final, quedará frío.

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Doctrina y credo
Black Dot

Me enseñaron a ser eficiente: “No desperdicie balas y nunca abandone su arma ni su puesto”. Me dieron excusas para justificar la plata que gastaron en mí: democracia, libertad, igualdad, el demonio del comunismo y por supuesto el poderoso dólar. Me enviaron a países lejanos, de extrañas costumbres y desconocidas lenguas, para inculcarles nuestros valores y nuestro idioma.
“Dispare", me ordenaron, "todo aquel que desee ser diferente no nos es útil. Llénelos de plomo caliente. Mándelos al juicio final y deje que Dios se encargue de juzgarlos”.

Yo cumplo. Continúo con mi sagrado deber. Traigo la muerte adentro y se la concedo a quien se atraviesa en mi camino.

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El arte del adiós
Papalotl

Lord Harland, caballero de intachable reputación, ofreció solventar mis necesidades económicas a cambio de lealtad y discreción, para dedicarme, bajo su guía y patrocinio, a ejercitar mis habilidades artísticas y mantener su imagen bienhechora. Ello significó, como primera encomienda, despedir a Mr. Burroughs, su secretario, que moriría días después por divulgar detalles de su vida privada, en un desafortunado percance de auto, junto con la dama que, supuestamente, había tenido un affair con mi protector. Más adelante, di el adiós en su nombre a un miembro del parlamento, quien pretendía que mi mecenas aceptara sus términos en una larga disputa por asuntos fuera de mi incumbencia. Él falleció al instante a causa de un lamentable accidente en una competencia de tiro en Bristol. Un mes más tarde, hacía lo mismo con un primo lejano que, tras demandarlo por una propiedad en Sussex, amaneció ahogado en deudas y whisky, sumergido en su propia tina de baño. Suicidio, dictaminó el forense. Esas, y otras más de las diversas obras maestras del arte que perfeccioné por años, no hubieran sido posibles sin la inspiración y el decidido apoyo de mi generoso benefactor. Ya retirado, disfruto de la fortuna que me entregó junto con su último aliento al expirar entre mis brazos, de los recuerdos como su ángel exterminador y de la libertad para surcar los cielos por cuenta propia.
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Día 9
Tallerista: Lucía Casas Rey

Ghostwriter
Raquel

No se crea tan listo. Soy feo y jorobado, sí, pero esos defectos jamás influyeron en mi vocación. Mi inteligencia y mi simpatía hacían olvidarlos a quienes me trataban. Nunca fui un resentido, tuve una infancia feliz y me inicié en el asesinato casi por azar. Tengo que confesar que el primero, el de mi compañerita de juegos, fue improvisado y chapucero, solo mi corta edad impidió que se me considerara sospechoso. A partir de ahí me dejé llevar por una tendencia innata al perfeccionismo, por la aspiración de convertirme en un auténtico artista, un virtuoso capaz de combinar en cada crimen la elegancia, la sutileza, la rapidez en la ejecución. Nunca dejé huellas y, si le he permitido descubrirme, es porque necesito que quede constancia de mi obra. Nadie mejor para ser testigo y reportero que un brillante detective. Anote, por favor, mi historial con diligencia y no se altere por la palidez y la transparencia de su mano. Con usted he conseguido mi mayor logro: que la propia víctima no acierte a darse cuenta de su propia muerte.

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Rio Verde
Marta Hari

Otros hombres ya se habían ido antes, pero esta vez era diferente. Verlo marcharse de esa triste manera, tan despacio con rumbo al mar, me provocó zozobra. Aunque llegué a amarlo, se había vuelto imposible vivir un día más a su lado. Mientras yo esperaba que anocheciera pronto para que nadie notara su partida, el cuerpo hinchado y pestilente flotaba en el río, como si quisiera devolverme el pavor de la tortura.

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Y la ganadora es...
Pingüino

La cinta revivía, con sorprendente realismo, aquella serie de asesinatos que cimbraron a la ciudad. Nunca imaginé que su impecable ejecución y dramatismo hicieran que fuera nominada en varias categorías a los premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Me costó admitir que era una locura acudir a la ceremonia para recibir alguno de esos Óscares y dar explicaciones sobre la ausencia de los demás actores, acerca de ciertos detalles de su filmación y de cómo había logrado filtrarse mi obra para llegar hasta ahí. Es una lástima que esa joya del séptimo arte y todo el elenco que dio su vida para hacerla realidad no obtengan el reconocimiento merecido.

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Memorias
Jane Doe

Apenas tuve edad tomé clases de lucha. He practicado hasta el cansancio con indigentes, ebrios, callejeras... Nunca le di importancia al estrato social, edad, nivel educativo y esas cosas. Ellos me ayudaron a alcanzar tal perfección que pasé desapercibido para la sociedad y pude desenvolverme bien con todo el mundo.

Ahora que he envejecido y estas manos ya no son las mismas para ejercitar la actividad, he decidido escribir sobre mis experiencias. Recordar es volver a vivir, aseguran.

Mi agradecimiento primero será a la abuela Paz, que sin ella yo no sería lo que soy. Con ocho años cumplidos le metí el pie (accidentalmente), y cayó por las escaleras. ¡Uf! Ese crash en cada tumbo suyo me marcó.

¡Me fascina el crujido de un cuello al romperse!
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Día 10
Tallerista: Tomás del Rey

Vocación
Valyria

La mejor manera de canalizar mi vocación, aseguró papá, sería estudiar Medicina. Con grandes esfuerzos, vendiendo hasta el gato, pagó la matrícula y me envió a la capital. Sin saber muy bien qué esperar, me acomodé en una de las butacas del anfiteatro, y observé cómo el profesor de anatomía abría su estuche: bisturís y hojillas afiladas, tijeras, trépanos y sierras en miniatura, alineadas en perfecta sucesión sobre el terciopelo escarlata. Un temblor incontrolable se apoderó de mí cuando, apuntándome con su índice huesudo, me ordenó iniciar la disección del cadáver tendido sobre la plancha. Desde entonces no paro. Qué contento estará mi pobre padre, quien ya no tenía edad para seguir enterrando mis experimentos autodidactas en el patio de casa.

Simplificación de trámites
Pseudónimo

No siento culpa ni remordimientos. Mi trabajo como gestor independiente no permite tales debilidades. Apretar el cuello, encajar el puñal, oprimir el gatillo o asestar el golpe siempre han sido actos honestos, sin favoritismos. Mi misión es eliminar toda incertidumbre. Ahorrarles la burocracia, la angustiosa espera de una muerte distante, pero segura. Garantizo que los trámites son breves y concisos, sin engaños: todas mis víctimas saben con certeza y la debida antelación la forma y la hora en que morirán.

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El inmigrante
Gesel van God

Mudarme a este país resultó ser una de las dos mejores decisiones de mi vida. Estar rodeado de tantos extraños ingenuos e ignorantes me permitió no sentirme mal por hacer un trabajo que ellos consideran degradante y sucio. La otra fue llevar mis tareas de limpieza hasta las últimas consecuencias: me dedico a quitar de en medio toda la basura que encuentro en el camino. No conocer a nadie me permite hacerlo sin remordimientos ni sentimentalismos
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Día 11
Tallerista: Carlos Bortoni

Cacería a la inversa
Aciago Demiurgo

Un grito cerró la noche. Sucedían tragedias viles, pero nunca una como el día en que doña Marina encontró al fin, después de varias amenazas directas y recaditos en el auto, el cadáver de su gato. Y así fueron las advertencias de sus vecinos durante meses: "los mininos no son bienvenidos en una colonia de ratas". Pero no era el insulto, ni en qué condición había muerto, lo que de verdad le dolía era la persistencia del aroma a raticida en las patitas del animal.

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Serial a sueldo
Black Dot

Papá era de los que decían que, “la vida no vale nada”. Cuando se emborrachaba, le gustaba poner 'No vale nada la vida' de Pedro Infante en el tocadiscos y repetirla durante horas. Desde entonces cada que la oigo no puedo evitar pensar que el sentimiento no tiene que ver con la lógica. Mientras el viejo pensaba aquello y nos moríamos de hambre, yo he progresado quitándole la vida a otros.
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Día 12
Tallerista: José Luis Sandín (“El águila descalza”)

El discípulo
Pseudónimo

Inspirado en las enseñanzas del doctor Kevorkian, tuve que soportar severas críticas, persecución y atropellos, mas no me di por vencido. Me parece una injusticia que se refieran a mí como un asesino serial. Jamás lo fui. Para un oncólogo como yo, la misión siempre ha sido reducir o evitar el dolor de los pacientes. Siempre lo he logrado. Un pinchazo letal es menos incómodo que el sufrimiento, y nadie, que yo recuerde, se quejó después.

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Camaleón
Serpico

El desconcierto de la policía y el pánico debido a la ola de crímenes en la ciudad provoca emociones encontradas y me mantiene alerta e interesado. Ayer fueron tres: un hombre gordo que cruzaba la calle, una joven en un bar y una anciana en su casa. Antier un niño y un borracho que dormía en el parque después de una semana sin víctimas. El caos parece ser el patrón y el mimetismo, el método. Dicen que es un empleado municipal, un plomero, la repartidora en bicicleta, un indigente que pide limosna, el vendedor de periódicos o el vecino que está por tocar a tu puerta. Abre bien los ojos, cuídate. Los colores son ilusión, los dados están rodando. Mientras tanto, el punto final está lejos aún y está en mi mano que se escriba.

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¿Por qué asesinas?
cero

Crecí entre rezos todo el día, que esto y aquello es pecado, que me iría al infierno si...; un mundo de penumbras y miedos. En el "Ensayo del Paraíso", descubrí que tan aburrido podía ser ese lugar. ¿Sabes?, el no matarás se me convirtió en un reto divertido.

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Jungla de hormigón
Black Dot

—Usted me contemplaba aquí encerrado. Los barrotes le daban la impresión de que observaba a una bestia en un zoológico. ¿Ha leído mi expediente por completo? ¿Sabe el nombre de mis víctimas, sus edades; los métodos que usé?

El cura vio al hombre con ojos espantados.

—No lo dejaban acercarse mucho, "No es humano", le decían refiriéndose a mi persona. Pero eso usted lo sabía.

En el cuello del religioso las venas se hinchaban.

—Tenían razón. Soy una fiera, pero no estoy enjaulado. Esta selva de la maldad es mi elemento. Aquí es donde los fuertes siempre devoraremos a los débiles.

Las manos del padre se crisparon.

—Vaya y háblele a Dios de mi alma, ahora que pronto se van a encontrar en el cielo.

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El mimo
Chester Truman

Las mato callando.

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El portero
Isishayo

Por varios años abrí la puerta a todo aquel que tuve a mi alcance, con la mayor diligencia y prontitud. Los creyentes gozan ahora de la gloria o sufren la condenación eterna. Lamento no poder precisar el destino de los escépticos.
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Día 13:
Tallerista: Laura Elisa Vizcaíno

Progresión geométrica
Matilde Urbach

Ahora, al comenzar mi relato, es cuando usted espera que yo diga que no soy malo, aunque motivos no me faltan para serlo. Luego, pretende usted que yo consiga que, poco a poco, el lector se vaya identificando conmigo y toda esa mierda, solo porque sus cervicales se aburren de seguir apoyadas confortablemente en su sillón de lectura, y fantasean con el frío cosquilleo del garrote vil introduciéndose entre ellas hasta acabar con su vida. Pero siento decirle que no soy bueno, ni usted podrá entenderme nunca del todo, ni ver el mundo con mis ojos, ni nada. Aunque hay una forma, si usted está dispuesto. Esa persona que está a su lado mientras usted lee, ¿es su esposa, quizá? ¿Su pareja, su hija? Si de verdad quiere identificarse conmigo, participar de mi emoción, mátela. Simplemente porque sí, sin sentimientos. Bien. Ahora que es de los míos y sus cervicales se encaminan por fin al abismo del garrote, pida allí papel y bolígrafo y escriba su historia. Cuéntela de forma que sus lectores sientan también correr por su médula el impulso de matar. Contágielo.

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Sierra norte
Gesel van God

Al despertar antes del amanecer me dolía la cabeza y mi mente era un caos. Puse varios leños sobre las brasas que aún quedaban de la fogata donde, la noche anterior, habíamos bebido y cantado. Avivé el fuego. La luz me hizo ver a mis amigos aún tirados en el suelo y los cigarrillos en un charco. Intenté encender uno tras otro con una rama y después de varios intentos infructuosos, los arrojé a las llamas. Me preparé un café, puse más troncos en la pira y prendí un pitillo que luego tiré. Entretanto, repasaba los detalles para explicar aquella masacre y cómo, tras una lucha desigual con los bandoleros y mi buena suerte, había logrado escapar hasta perderme en el bosque.

Mientras caminaba sin rumbo, ensayé mis gestos y la voz trémula para el momento cuando me encontraran. Al enterarme que mis compañeros habían sido calcinados me horrorizaría.
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Día 14
Tallerista: Mónica Brasca

Novela interactiva
Isishayo

Tuve a la policía en jaque por años. Mientras circulaban versiones y teorías de asesinatos entre mafiosos, venganzas contra pederastas o violadores y traiciones políticas, yo me divertía a sus costillas. Procuraba mantener secuestradas a dos o más personas y siempre me aseguraba de que el ADN de mi siguiente víctima estuviera presente en la escena del crimen y en el arma que había matado a la anterior. Las pistas falsas llevaron a tejer tramas que ningún escritor hubiera creído posibles. Era un placer imaginar sus conjeturas cuando la evidencia mostraba que una anciana de ochenta años había descuartizado a un robusto boxeador o lo que pensaron cuando esta última fue estrangulada con un cordel por un niño autista. Ni siquiera en los mejores autores de ciencia ficción suele encontrarse tanta fantasía.

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Perdidos en el espacio
Pi

Soy un pionero del cosmos, un nuevo paradigma en diversos campos. Fui parte del equipo que colonizó Marte, el primero en pisar Júpiter y el astronauta con mayor permanencia ininterrumpida en el espacio. Han sido tres años de lucha constante, perseverancia y celo para lograrlo. Los demás tripulantes de la nave podrían atestiguarlo, si consiguen encontrarlos.

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Resurgimiento
Simbad

Reconozco que fue un error imperdonable quemar su cuerpo. Debí haber dejado el cadáver de esa arpía tirado en el campo para que fuera devorado por los buitres, como lo hice con todas las demás. Ya no solo debo cuidar mis espaldas de quienes me buscan, sino también la cabeza. Los pocos que han sobrevivido para contarlo dicen que las garras del ave fénix son aterradoras.
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Día 15
Tallerista: Patricia Mejías

Enseñanza objetiva
Murata

"Debes ser cauteloso, amigo –le dije al último que se cruzó en mi camino– y no fiarte de la mansedumbre de las ovejas. Podría sorprenderte descubrir, como ahora, que debajo puede esconderse un lobo".

La mueca en su rostro me dio certeza de que entendió bien la lección. La recordará en su próxima vida.

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Derecho de réplica
Isishayo

Es mentira lo que se ha dicho de mi. No fui un asesino y nunca hice daño a quienes etiquetaron como víctimas. Más bien, acorté los años de angustiosa espera por lo inevitable y les allané el camino al más allá. No tengo remordimientos; solo siento una infinita lástima por aquellos que no creen en la vida eterna.

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Lazos de sangre
Black Dot

Sus rostros tristes me persiguen a todas horas, el dolor retratado en las muecas que me dedican. Cierro mis ojos, aunque de nada sirve. Ahí, en las brumas de mi mente, también están para recordarme los momentos en que estuvieron vivos. Como un finísimo cordón de plata, es esa línea delgada que nos mantiene unidos: ellos en su espiritual tristeza de víctimas, yo en mi realidad homicida.

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El buen samaritano
Pitágoras

Como hombre de bien, me compadecí de los desamparados, de aquellos que estaban perdidos en el sendero de la vida sin brújula ni mapa y acudí en su auxilio. Experimentaba una profunda lástima por ellos La conciencia me dictaba que debía ayudar a elegir a aquellos que no tenía claro el camino ni definidas sus metas para responder a dónde iban y cómo les gustaría morir. Solo les dejaba una opción.
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Día 16
Tallerista: Josep M. Nuévalos

Economía de mercado
Black Dot

La economía de mercado se basa en la oferta y la demanda. En mi oficio nos regimos con el mismo principio. A más demanda mejores ganancias. He tratado de promocionar campañas como en las tiendas de comestibles o las de autos con rebajas significativas, aun al dos por uno, pero los clientes, por la naturaleza de los servicios prestados, no se interesan en ahorrar. Ellos desean limpieza y que su comisión sea discreta e imposible de rastrear. Aunque ahora es tan numerosa la competencia, yo soy una institución de la Muerte, un verdadero artesano del asesinato por encargo.

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En automático
Humo blanco

Con solo una víctima en mi haber, subí en el escalafón hasta ser señalado como asesino serial. Sin saber que el arma en mis manos estaba cargada, tuve la mala fortuna de atinarle a un sujeto que se atribuía un origen divino. Durante el juicio, su psiquiatra certificó el padecimiento de personalidades múltiples, y sus devotos creyentes dieron fe de que era un dios gnóstico omnipresente. Ante las evidencias, el magistrado juzgó lógico concluir que lo habría alcanzado sin importar la dirección del disparo y no tuve escapatoria: fui condenado por matar a una cantidad indeterminada de entidades divinas, emanadas a su vez, de un dios arcaico con más de 4.000 millones de años de antigüedad.

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El yeti
Serpico

El ataque fue sorpresivo; nadie lo esperaba. Aquella fría y oscura noche fueron cayendo uno por uno hasta que el último murió entre mis brazos. Las huellas en los cuerpos maltrechos de mis compañeros alpinistas y los golpes y heridas que me propinaron dieron credibilidad a mi relato. De paso, la leyenda volvió a cobrar vida.

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Haciendo carrera
Lafitte

Juan flaqueó. Quería relatar lo ocurrido con Marina. “Hasta los mejores doctores pierden pacientes”, le dije; “Era un juego y después se quedó dormida”, le insistí. No se convencía. Una piedra lo hizo. No volví a saber de él hasta que lo encontraron al fondo de la barranca. Dijeron que cayó tras un forcejeo y se había golpeado la cabeza al rodar. A nuestra amiga la hallaron muerta detrás de la fuente, donde termina el parque. Corrió el rumor de un pederasta suelto en el pueblo. Nunca fue localizado. Siguieron buscando mientras tres niñas más desaparecieron en seis meses; algunas otras en los siguientes años. Hubo sospechas, interrogaron a los mayores y detuvieron a dos hombres. Entretanto, crecí. Mis padres me anunciaron que iría a la preparatoria en la ciudad. Me alegró saberlo. Prometí empeñarme en mis estudios encaminados a la Medicina y poco después demostré mis habilidades. Pasó el tiempo, y al terminar el bachillerato aún buscaban a un asesino en la urbe. Siete mujeres habían muerto en extrañas circunstancias. Rogué al cielo para que lo encontraran; era importante para mí. La próxima mudanza a la Universidad en la capital me brindaba un nuevo horizonte y la oportunidad de continuar mi carrera.
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Día 17
Tallerista: Carlos Martín Briceño

Desdoblamiento
Pepe Le Pew

El periodismo de investigación era mi especialidad. Cuando se trataba de crímenes era el mejor. Siempre conté con información de primera mano gracias a mis contactos con la policía y con mi alter ego, de quien logré deslindarme a tiempo antes de que lo atraparan por sus múltiples asesinatos. Por fortuna, mi reputación quedó a salvo.

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Plan de negocios
Isishayo

Como propietario de un cementerio en las afueras, tenía poco trabajo. Tres o cuatro inhumaciones al mes no daban para comer. Decidí poner una funeraria en la ciudad para atraer más clientes y las cosas mejoraron. Más tarde, abrir sucursales fue una buena idea que hizo crecer el negocio hasta estancarse de nuevo. Fue cuando incursioné en la fabricación de ataúdes, lo que me trajo excelentes resultados económicos. Finalmente, para cerrar el círculo y disponer de un portafolios completo, hace un mes inauguré mis nuevas instalaciones donde empecé a producir muertos. Gracias al catálogo tan diverso, no se habla de otra cosa en las calles.

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El cuarto pecado capital
Humo blanco

Me divertía observar el alboroto que se armaba en el vecindario cada vez que Lionne salía a pasear con su pareja. No entiendo cómo pudo haber habido alguien tan ruin que la envenenara. Era imperdonable y lo pagarían caro. Empecé con los rosales, luego seguí con las margaritas, la violeta y terminé con otro vecino más, cuyos nombres y apellidos ni siquiera merecen escribirse con mayúscula. Sus vidas no valían ni la mitad que la de esa hermosa leona africana.
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Día 18
Tallerista: Elisa Armas

Doble vida
Celecanto

Antes de ser la “Rosa del cuchillo” no era más que una madre y esposa. Reuniones escolares de vez en cuando, la compra del mercado, y a la casa. Ese al que tengo por marido dice que soy una señora decente, pero no lo fue el que me violara y preñara para forzar el matrimonio. No lo culpo. Antes que los suyos, fueron los abusos de mi padre y abuelo. Desde entonces, todo se volvió una pesadilla. Hasta que supe que aquí sí tenía el control. Míreme ahora. Soy la mujer de mis sueños. En este mundo, puedo ser y hacer lo que quiero. Por ejemplo, siempre tengo a mano el arma homicida. —Y materializo ante los ojos asombrados de mi víctima una navaja—. Con un rápido movimiento, le cerceno la garganta. Oigo los pasos apurados, los silbatos de la policía, la gente horrorizada al verme chorreante de sangre. Tantos ojos sobre mí, me excitan. Las campanadas del reloj, marcando el ritmo del orgasmo, me avisan que debo regresar. Siete y media de la mañana. A tiempo para preparar el desayuno a los chicos y a Mario.

¿Quién dice que una asesina serial no puede llevar una vida normal después de una noche de crímenes oníricos?

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El hermano incómodo
Pseudónimo

Toda autobiografía precisa de un esbozo del personaje, en especial si se trata de un desconocido como yo, Aquiles Mata, un sórdido y astuto asesino serial que aspira a la gloria. Antes de empezar, confieso que enfrentarme a Sherlock Holmes o a Hércules Poirot ha sido mi mayor ilusión. Lograrlo marcaría la diferencia entre la rutina y el aburrimiento que me aquejan y una vida plena, llena de emociones. Quizá la de ese par también se vería enriquecida. Seguirme la pista y esclarecer mis asesinatos exigiría de toda su sagacidad. Sería un buen reto para ellos pues, a pesar de su inteligencia, dudo que pudieran apresarme. Además de compartir muchas habilidades, tenemos un lazo que nos une. Por mis venas corre esa misma sangre fría heredada de la madre que nos dio vida y que me permite ser tan escurridizo: la tinta.

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Igualdad de derechos
Calle 4

No asesiné a nadie sin que mediara una buena razón. Mi listado comprendía a carteristas y pederastas, policías y guardias. También estaban incluidos algunos artistas, atletas y profesionales como pediatras, economistas y geriatras. Todos ellos fueron hombres pusilánimes, que no tuvieron el carácter y la decisión que día a día mostraban ingenieras, arquitectas, generalas y juezas, entre otras. Merecían la muerte por no ser firmes ni exigir sus derechos a los lingüistas, a quienes también tengo en la mira. Y ahora me encargaré de usted, quien además de decirse mi siquiatra, se vanagloria de ser especialista.
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Día 19
Tallerista: Paola Tena

Camino del sur
Chester Truman

Dicen que el asesino siempre regresa al lugar del crimen. Pues discrepo. Yo escojo a mis víctimas al azar mientras camino rumbo al sur. Y es un camino infinito, porque siempre hay un sur al sur del sur. Regresar sería perder un tiempo precioso que, a estas alturas, ya no me puedo permitir.

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Como gotas de agua
Walter Ego

Jamás me había ocurrido algo parecido. Durante uno de los tantos juicios orales a los que solía asistir entre el público, dos hombres daban santo y seña del mismo asesinato, coincidiendo hasta el más mínimo detalle, y reclamaban su autoría. Debían estar locos para haberse atrevido a hacer algo así de cruel. No podía permitir que me arrebataran el crédito de lo que tanto esfuerzo me había tomado. El verdadero asesino era yo, nadie más y lo grité a voz en cuello. Cuando vi que el fiscal les daba una palmada en el hombro y les entregaba un sobre me di cuenta de que ya era muy tarde para retractarme. Ver socavado mi orgullo fue la gota que derramó el vaso.

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El sabor de la muerte
bebé

Cada una de mis asesinatos fueron tragos amargos. Las cosas cambiaron para mis víctimas cuando descubrí en Internet un veneno con sabor a frutas. Desde ese día todo es más tolerable. También más sabroso.

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Entrevista previa
Pingüino

Imagínese intentando escribir los detalles de cruentos asesinatos. Escabroso, ¿no le parece? Ahora piense en la sangre, los gritos, las muecas de dolor, las súplicas de las víctimas y la mano firme. Siniestro y aterrador, ¿no cree? Póngase por un momento en los zapatos del criminal y trate de percibir lo que siente cuando las suelas, ensangrentadas, aún están pegajosas y las gotas secas en la piel parecen estampadas a fuego. Horripilante, ¿no es cierto? Le pareceré simplista, pero después de repetirlo cinco, diez, docenas, quizá centenares de veces, uno se acostumbra, créame. Procure hacer suyo el horror al ubicarse ahí y comprender que lo vio y lo hizo todo. Que también lo sabe todo. Cuando lo haya logrado será muy fácil llevarlo a la letra. Ahora relájese. Esto solo es el prefacio de lo que le espera si quiere, señor escritor, hacerse cargo de mi biografía. A mí me tiembla la mano.

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Francotirador
Simbad

Unos lo hacen porque es un deber patriótico, según les dijeron en la milicia; otros, por dinero. Yo soy diferente. Lo hago por la misma razón que alguien se arriesga a cruzar los rápidos en un kayak o se atreve a retar al Aconcagua: por la emoción y la adrenalina, por vencer los miedos y limitaciones o por simple diversión. Todo, desde escoger el objetivo, seleccionar el mejor ángulo, diseñar la ruta de escape, armar las coartadas y por supuesto, elegir el arma, es parte de ese ritual enervante que me apasiona. La próxima vez que usted camine por la calle, que cruce el atrio de una iglesia o que vaya de paseo a una plaza o parque, mire a su alrededor, hacia las azoteas, a las ventanas, a los autos estacionados, al campanario, detrás de los árboles, y véase a sí mismo invadido por el miedo. Sienta lo que yo no puedo sentir por usted. Tal vez me vea también a mí, impávido y sereno, lejano, atento. Si oye una detonación cercana, con seguridad será la última. El siguiente disparo lo fulminará antes de escucharlo. No acostumbro dejar las cosas a medias ni decepcionar a los medios que me han dado tanta popularidad.

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Clic
Camaleón

Las redes me brindaban la posibilidad de cambiar de apariencia según el entorno y convertirme en hombre o mujer, en niño o una jovencita alocada para hacer nuevas amistades. Entraba en otras vidas y me enteraba de confidencias con unos cuantos clics. Después venía el acoso. Algunas fotografías comprometedoras, secretos o intimidades divulgados y amenazas eran suficientes para ello, y para hacer sufrir a mis víctimas. Lo disfrutaba a control remoto. Lentamente aumentaba la presión como un cuchillo sobre el cuello hasta hacerlas perder el juicio y, de paso, la vida. Ya no era necesario perseguirlas por las calles y llenarme las manos de sangre. ¿Quién hubiera pensado que sería posible asesinar desde la virtualidad, sentado cómodamente en un sofá? ¿Quién, que la muerte podría estar a un clic de distancia? La tecnología ha cambiado nuestras vidas y también la forma de morir.

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El rompecabezas
Gesel van God

Dejé varias pistas para que los policías descubrieran la osamenta. Mientras tanto, conseguí documentos falsos y cambié de identidad. Cada hueso y pieza dental de aquel esqueleto correspondía a una persona distinta. El análisis y clasificación de los restos iba a llevar tiempo. Para entonces, ya tendría otra vida. Identificar a las víctimas por su ADN prometía ser un trabajo arduo y, a la vez, la clave de mi exoneración. Uno de los molares era mío.
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Día 20
Tallerista: José T. Espinosa-Jácome (“El último Abencerraje”)

Licencia para matar
Luz y Fer

Verme como un asesino serial es inconcebible, aunque no falso del todo. Para mí, el mal es cualquier amenaza; el bien, aquello que me da seguridad, comida, abrigo, alegría, placer o sexo. Dirán que soy primitivo, y tienen razón, que solo me guío por mis instintos, y aciertan. De no ser así, ya estaría muerto. Soy lo que soy, soy yo y mi circunstancia, soy Bond, James Bond. Además, tengo permiso y lleva un número. Pocos tienen ese privilegio.

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Forjado a sí mismo
Pseudónimo

Yo era un hombre pacífico y laborioso como muchos. Aspiraba a ser reconocido por mi trabajo y lo intenté por varios caminos. Si bien no tenía habilidades en algunos campos, fue en el mal donde descubrí un gran potencial y encontré mi vocación por casualidad el día que arrollé a un ciclista por accidente y me deshice del cuerpo. La avidez de los medios por la noticia y el morbo de la gente hicieron el resto. Desde entonces soy famoso sin tener, siquiera, la necesidad de pagar por publicidad ni de disponer de patrocinadores. Unos cortes hechos a destajo por ahí, cinco cadáveres envueltos en periódicos por allá o diez bultos sanguinolentos y desfigurados de unos perfectos desconocidos dejados a media calle me han dado celebridad y un nuevo rostro. El mismo que, paradójicamente, nadie conoce porque no concedo entrevistas, ni me interesan.

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Caído del cielo
Bebé

¡Vaya suerte! Cuando me precipité del tercer piso pensé que ahí terminaba esta existencia que no tenía nada digno de contarse. Para mi sorpresa, gané al instante y en forma gratuita el título de asesino serial. El pobre individuo al que le caí encima tenía personalidades múltiples. Yo solo unas cuantas fracturas. Una nueva y excitante vida apenas empieza.
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Coordinación de La Marina 2020.
17 de May de 2021 / 00:15
MINIFICCIONES FINALISTAS DE ABRIL DE 2021 17 de May de 2021 / 00:15
Coordinación de La Marina 2020.
 

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