Perfectos extraños, de Black dot
Solía encontrar a mi joven y apuesto vecino en el ascensor del edificio. No cruzábamos palabra, porque en esta ciudad los desconocidos no se saludan. En mi timidez, yo lo miraba de reojo y después clavaba la vista en el suelo hasta llegar a mi piso. Él metía las manos en los bolsillos de los pantalones y contemplaba sus zapatos que parecían recién pulidos. Solo nos mirábamos a los ojos cuando, cada quien en su departamento, abría las persianas para mostrarle al otro su hermoso cuerpo desnudo.


Nuestra mejor versión, de Urraca
Desde que se inició el confinamiento y nos asomábamos todas las tardes a las ocho para aplaudir a los sanitarios, el patio se convirtió en una fiesta: poníamos canciones de verbena, bailábamos en los balcones dirigidos por Vanessa, la azafata del ático, y festejábamos a gritos santos y cumpleaños. Pronto Roberto, el chico del primero A, se ofreció a hacerle la compra a Carmela, la anciana de segundo D; Enriqueta y Fina, las de los cuartos B y C, hicieron las paces y charlaban durante horas, cada una con su lata de cerveza, a través de las ventanas del lavadero; Curro y yo cenábamos todas las noches repasando nuestra colección de cine clásico y, cuando la peli era romántica, terminábamos haciendo el amor en el sofá.
De eso hace ya dos años. Ahora, en el patio, solo se oye el martilleo de la música electrónica de Roberto. Carmela va sola al mercado, usando el carrito como andador. Fina y Enriqueta no se dirigen la palabra. Curro llega a las tantas, después de pasar la tarde con sus amigotes. Salvo los lunes. Él dice que sale en viaje de negocios, pero yo sé que viene a escondidas y sube de puntillas hasta el ático donde Vanessa, recién llegada de São Paulo, lo espera semivestida con el picardías color marfil que tiende los martes en la azotea..
Mónica Brasca
26 de October de 2022 / 11:18
SELECCIONES DEL 14/10/22 26 de October de 2022 / 11:18
Mónica Brasca
 

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