La nave submarina lo rescató del mar después de que lo arrojaron del barco donde viajaba como polizón hacia Tarsis. Entró por una gran esclusa frente a un amplio vestíbulo donde nadie lo recibió. Su interior irregular era resbaloso y húmedo, y la oscuridad no le permitió ver más detalle. Caminando a tientas, elucidó que era una enorme fábrica, que convertía los peces y algas que atrapaba en su camino en una sustancia viscosa, ácida y textura gelatinosa. Sin otra opción, sobrevivió gracias a ese horrendo alimento de sabor nauseabundo. Tres días estuvo en esa nave sin tripulación, gobernada en forma autónoma y derrotero más bien errático. En ocasiones, sus movimientos bruscos lo hacían caer y deslizarse hacia al fondo, donde correría con la misma suerte que la materia prima si no regresaba cerca de la entrada. Ahí dormitaba a ratos en una cavidad que encontró. Confundido, tenía dudas sobre su destino al no haber un alma a quién preguntarle. Cuando percibió calma y hubo algo de luz, se asomó y alcanzó a ver que estaba cerca de la playa. Salió con dificultad por donde entró, sin poder agradecerle a nadie por su recate y librarlo de morir ahogado. Sin mirar atrás, Jonás se arrepintió de desobedecer a Dios y antes de que cambiara de opinión, emprendió presuroso el camino a Nínive para complacerlo.
Simbad
18 de November de 2020 / 23:15
El Nautilus 18 de November de 2020 / 23:15
Simbad
Taller 19 de November de 2020 / 07:35
Elisa A.
 

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