El crimen pudo ser todo, excepto perfecto. Fue burdo, tan primigenio e instintivo como el móvil: dominación, supremacía y poder. La simulación, a través de palabras y acciones incongruentes, había sido el modus operandi del asesino para lograr sus objetivos. La víctima fue el mundo que nunca conoció y que jamás verá. Las huellas de esta atrocidad estaban por todas partes, a la vista. Podían verse en el aire y el agua, en los bosques, en los peces envenenados y las especies que ya no existían, en los muertos de sus guerras, en quienes sufrían hambre, intolerancia y persecución. Provisto de un palo o una piedra, de una bomba nuclear o simplemente de sus puños o su lengua, el hombre asesinaba a la realidad todos los días desde que había puesto un pie sobre la tierra. Las huellas de la continuidad de la nada, a las que aludía Baudrillard, más bien lo llevarían a la inexistencia, hasta su propia extinción. Fue hasta entonces, cuando ya no quedaba nada, que pudo declararse que el crimen había sido perfecto, tanto que no hubo nadie para anunciarlo en millones de kilómetros a la redonda.
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18 de January de 2021 / 16:52
El crimen perfecto 18 de January de 2021 / 16:52
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Taller (seleccionada) 19 de January de 2021 / 07:23
Elisa A.
 

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