Hacía cinco semanas que el coronel había perdido a sus tres hijos y a su esposa en un accidente automovilístico.
A la hora del almuerzo citó al sargento Ramírez a que se vieran bajo un flamboyán, no muy cerca del regimiento.
El sargento, al llegar al sitio y ver al coronel sentado al pie del árbol con su nueve milímetros en mano, le comenzó
a oler mal el asunto.
-Te quiero pedir un favor, Ramírez.
-Lo que quiera, mi coronel.
-Hace tres días un médico hijo de puta me dijo que tengo cáncer de próstata y que es terminal -el sargento tragó saliva-
y que... con suerte, podría vivir unos seis meses.
-Lo siento, mi coronel.
-Bien, Ramírez, te pido que me mates.
-Pero...pero, coronel ¿por qué yo?
-Porque sé que ya mataste a dos.
-Pero ellos me apuntaron primero, mi coronel, fue en defensa propia ¿y por qué no se suicida?
-!Sargento de mierda, te di una orden, matame o te mato yo!
El sargento dió medio paso atrás y sacó su treintaiocho especial, apuntando al suelo.
-!Firme, pedazo de mierda! ¿Qué irrespeto es ese de sacarle el arma a un superior?
El sargento se puso en posición firme, haciendo el saludo manual con la pistola tocando su visera.
-Te voy a decir algo, recluta, solo para darte gusto: si te mato, me suicido; así que contaré hasta tres.
-Pero, coronel, espere...- el miedo del sargento se puso alerta.
-Uno.., dos..., tres.
Dos detonaciones provocaron la huida de los pájaros del flamboyán.
Héctor
08 de August de 2022 / 21:30
El coronel y el sargento 08 de August de 2022 / 21:30
Héctor
Taller 29 de August de 2022 / 06:44
Lucía
Salió correo, Lu. 29 de August de 2022 / 14:41
Héctor
 

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