Por el amor de una chica, el Hombre Araña estaba obsesionado por acabar con su rival, el Hombre Mosca. Frente a ella y tras varios intentos (la telaraña y otros artilugios no habían funcionado), logró darle un final amargo y dulce a la vez. Tres gotas de miel espesa bastaron. Con la primera lo atrajo y con la segunda consiguió inmovilizarlo; la última lo ahogó.
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Eliana Soza
 

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