Tras que los chicos de la esquina mataran a pedradas al gato de Anja, dejamos de jugar a que éramos brujas, ya que, dijo ella, una bruja que no puede proteger a su gato no es una verdadera bruja. Por esas cosas del destino, unos días después, me topé con un gatito abandonado que era la viva imagen de aquel de Anja. Al principio ella no quiso saber nada del huerfanito, pero, como yo no lograba que tomase la leche, no tuvo más remedio que intervenir. Sobra acotar que terminaron volviéndose inseparables. No obstante, una ventana mal cerrada es para cualquier gato una invitación a la aventura…

Cuando Anja dio con él, los chicos de la esquina lo tenían acorralado y habían comenzado a lanzarle piedras y a filmarse con sus celulares. Anja me contó que entonces sus labios se movieron por sí mismos, que pronunciaron un conjuro, y que todos acabaron convertidos en ratones. Yo, naturalmente, no le creí. El hecho de que los chicos de la esquina hubieran desaparecido, o que el gato de Anja tuviese el vientre desaforadamente abultado, eran para mí meras coincidencias. Aunque debo confesar que nunca me atreví a preguntarle por aquellos celulares que, secretamente, había malvendido para comprarle una colchoneta y otras chucherías a su gato.

Fenris
18 de April de 2018 / 02:34
Negación 18 de April de 2018 / 02:34
Fenris
taller 21 de April de 2018 / 07:42
Carmen Simón
 

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