Los niños gritaron enfurecidos, “la sopa es detestable, la ensalada nos repugna”, el mayor de los cuatro hijos se apodero de una cuchara y se para sobre la mesa, “NO QUEREMOS ESTA COMIDA” bramó.
La madre los vio y amenazo con sacar la chancla y darle su merecido a cada uno de ellos, pero los críos habían enloquecido, los gritos demandaban la emancipación, el retiro del yugo paterno, la igualdad de voz dentro del seno familiar y por supuesto ampliar el horario de televisión. La mujer los observo y decidió ignorarlos, se cansarían de exigir, pensó.
Cuando el padre regreso del trabajo encontró la casa hecha un desastre, después de hablar con su esposa salió de su recamara. El cinturón su más poderosa arma acabó con la revolución domestica sin ningún miramiento.
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Marcial Fernández
 

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