Se encerró junto a ellos en el almacén del sótano. Para torturarlos, les susurraba al oído: “Espuma de grosella, mermelada de fresa, pudín de ciruela, patata asada, pan de harina de centeno...” El ruido de las bombas y la metralla era amortiguado por el crujido de los estómagos hambrientos. A pesar de tentarlos con la extensa colección de frutas, tubérculos y granos., no pudo hacerlos flaquear. La muerte tuvo que conformarse con las vidas de los científicos en compensación con los miles que se salvaron del hambre al resembrar los campos gracias al banco de semillas.
Malvadisco
14 de October de 2018 / 23:54
El fruto prohibido 14 de October de 2018 / 23:54
Malvadisco
Taller 17 de October de 2018 / 08:11
Mónica Brasca
 

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