Sin duda me creen ustedes una víctima. Así se lo ha hecho creer él con su relato desquiciado y obsesivo. No es tan fácil. O al menos concédanme el beneficio de la duda. No saben el poder que albergo en un solo ojo. Solo tengo que mirar fijamente con él y provoco sentimientos y obsesiones que antes, aparentemente, no estaban. El último se creyó astuto incluso. Creía que podría acecharme en la oscuridad durante horas, o lanzarme impunemente un rayo de luz. No pudo resistirse y lo llevé (escúchenme bien, solo con la intensidad de mi único ojo válido) lo llevé al asesinato. El descuartizamiento no fue idea mía, pero redondeó la jugada. Mi ojo le seguía mirando desde debajo de la tarima de madera levantada, desde el corazón con el que yo latía tan fija, tan obsesivamente como mi mirada. Por supuesto que no pudo más. Por supuesto que confesó. Y cuando los agentes levantaron el piso, junto a mi corazón delator, estaba mi ojo mirándoles, inoculándoles la rabia, otra vez el ansia de la muerte. Se miraron. Miraron al pobre Edgar.
Rigor Mortensen
16 de October de 2018 / 18:05
Hablar con el corazón 16 de October de 2018 / 18:05
Rigor Mortensen
Taller 17 de October de 2018 / 13:04
José M. Nuévalos
Gracias 17 de October de 2018 / 23:37
Rigor Mortensen
 

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