Eran dos largas filas, una de hombres y otra de mujeres, esperando que la Muerte les llamara para entrar a su oficina; un tipo muy encantador, de buen porte, abandonó la cola y se puso al frente de las féminas y, como no hubo protestas -ni de vetustas ni lesbianas-, ahí quedó parado. Cada vez que era el turno de las hembras, el sujeto, haciendo un gesto taurino con los brazos, decía "primero las damas", luego, la mujer pasaba sonriente viendo el hechizo de aquellos ojos verdes.
Marcial Fernández
25 de December de 2019 / 15:13
Sel. día 4, "El caballero", por H.R. 25 de December de 2019 / 15:13
Marcial Fernández
 

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